¿Qué se le debe decir a un paciente que padece un cáncer? A esta cuestión controvertida intenta contestar la tesis realizada por el doctor Ángel Inoriza, oncólogo que trabajó hasta hace tres meses en el hospital Infanta Cristina y ahora lo hace en el Juan Ramón Jiménez de Huelva. Según su estudio, y en contra de la opinión generalizada, la mayoría de los pacientes sí quieren saber el alcance de su enfermedad. En cambio, los familiares son más reticentes a informar a los afectados.

– Su tesis toca un asunto polémica: la información a los pacientes de cáncer. Hay opiniones diversas sobre ello.

– Sí. Lo que yo he hecho ha sido preguntar directamente a los pacientes, mediante un cuestionario amplio, cuáles eran sus necesidades de información. Si querían saber si su enfermedad es o no cáncer; la necesidad de conocer los efectos secundarios; el pronóstico exacto y sus posibilidades de supervivencia. Un punto importante era conocer si saber todo esto provoca ansiedad y depresión.

– ¿A qué conclusión llegó?

– Era muy importante conocer el pensamiento de nuestros pacientes en nuestro ámbito cultural, porque sólo había estudios en países anglosajones. Nos hemos dado cuenta de que la mayoría de los pacientes desean información a un nivel como el de países anglosajones. El 80% quiere saber. Y lo es que importante es que el porcentaje de enfermedades psicopatológicas (ansiedad y depresión) está por debajo de la media de los enfermos oncológicos. Nosotros estamos a favor de informar a los pacientes porque pensamos que mejora su calidad de vida y su autonomía y sirve para que el paciente elija entre las posibilidades que le plantea el médico.

– ¿Y qué pasa con los familiares? ¿También quieren saber?

– El principal problema que nos encontramos los médicos es que en ocasiones nos encontramos con ‘la conspiración del silencio’. Los familiares nos piden, y a veces nos exigen, que ocultemos parte o toda la información al paciente. Tanto del diagnóstico como del pronóstico.

– ¿Qué puede hacer el médico?

– Hablamos con la familia que es reticente y le informamos de que nunca vamos a ser bruscos con el paciente, sino que le vamos a dar la información que nos pida con mucho tacto. A veces los pacientes aplican el mecanismo de la negación. No quieren saber nada, y nosotros lo respetamos. Si cambian de opinión le damos información. Le explicamos a los familiares que a veces es peor la incertidumbre que conocer la enfermedad.

Aliviar la ansiedad

¿Su conclusión es que los pacientes que conocen la gravedad de la enfermedad no sufren más depresión o ansiedad que los que no tienen información?

– Nuestros estudios demuestran que comunicar información no solo no aumenta la prevalencia de la depresión o la ansiedad, sino que puede aliviarlas. En un primer momento puede haber ansiedad, pero hay que saber canalizarla dando psicoterapia de apoyo, con psicólogos si es preciso. Y estar siempre al lado del paciente para lo que necesite. Pero repito que dar más información implica menos ansiedad.

– ¿El efecto negativo es mayor en los familiares?

– La palabra cáncer todavía está instalada en nuestra sociedad como sinónimo de muerte. A pesar de que el 55% de los pacientes se recupera, todavía hay un 45% de ellos cuya superviviencia podemos alargar, pero no los curamos. Es lógico que todo el entorno del paciente, una vez que sabe el diagnóstico, sienta peligro por sí mismo. Es una enfermedad que hace que te plantees tu propia muerte. Es una circunstancia dolorosa, pero que en algún momento llega. Quizá sea sano psicológicamente estar preparado para ella.

– ¿Están preparados los médicos para dar esa información adecuadamente?

– Tenemos falta de formación en ese aspecto, aunque la cuestión está cambiando. En la universidad poco a poco se introducen estos temas. El método de comunicar ya está inventado, está publicado en la revista ‘The Oncologist’ en el año 2000 y lo usan muchos médicos. Pero faltaba por demostrar que ese método era útil en nuestro ámbito de trabajo y nivel cultural.

– ¿Se le debe decir al paciente cuánto va a vivir?

– Mi opinión es que hay que decirle lo que necesite saber. Imagínese un padre de familia que tiene un negocio y quiere dejar las cosas arregladas. Si lo pide habría que decirle cuanto puede vivir. No decirle tres meses, sino hablar de manera aproximada, diciéndole además que hay casos que se salen de las estadísticas.

Nunca en un pasillo

¿Le han sorprendido los resultados de la tesis o era lo que ya sabía por su experiencia en el hospital?

– Me ha sorprendido la baja tasa de depresión y ansiedad. No esperaba que fuera tan reducida. Quizá se deba al método que usamos para comunicar la enfermedad.

– ¿Cómo es ese método?

– Hay un protocolo para suministrar malas noticias que sigue seis pasos. El primero es encontrar el momento adecuado; no se puede hacer en un pasillo, sino sentado. Después hay que averiguar qué sabe el paciente y cuánta información quiere tener. Después hay que compartir la información, con tacto y poco a poco, viendo cómo reacciona y, a la vez, darle apoyo emocional. Decirle qué se puede hacer y terminar la entrevista resumiendo lo fundamental, porque a veces el shock es tan grande que no es fácil enterarse. Y la familia debe estar informada de todo ello para ayudar al paciente.

Hoy, septiembre de 2008, leer nota completa