Cuesta creer que a este médico raramente humilde, especializado en devolver a las mujeres los derechos que la sociedad les niega, se le conociera más por los abortos que por los nacimientos a los que ha dedicado su vida. Pero era lo más fácil. Y también lo más injusto.

Ángeles Cáceres, Alicante
-El Gobierno piensa abordar la modificación de la ley del aborto y eutanasia. Pronúnciese sobre el tema.
-En definitiva es el derecho a decidir, y ahí ni Dios se me antepone; y menos, los políticos. Yo voy a decidir cuándo y cómo voy a morir, y voy a permitir a mis semejantes que tengan los mismos derechos. Y en el tema del aborto y del nacimiento exactamente igual: las mujeres son absolutamente autónomas para decidir.

-¿Qué piensa de los plazos?
-Que es interesante un plazo corto para la elección, para que la reacción sea rápida y con menos problemas; pero que den posibilidades hasta las 22/23 semanas para que un malformado se pueda abortar, o para una violación con daño psicológico importante. Realmente sería la aplicación legal de los tres preceptos actuales, que no se cumplen para nada. La normalidad social se ha alcanzado perfectamente, no hay ningún problema de aborto en España desde hace veinte años; no hay ni una muerte, cuando en el 78, cuando a mí me encarcelaron, había 200.000 abortos y era la primera causa de muerte de mujeres en edad fértil, como sigue siéndolo en cualquier país en que el aborto sea clandestino. Cambiamos libertad por muertes de mujeres, y eso no tiene ninguna posibilidad de comparación.

-Lo encasillaron como abortista, ¿cómo se soporta eso?
-Por la recompensa personal de cada día. Pasé diez años en libertad provisional, estuve dos veces en la cárcel y al final me declararon inocente: no fui indultado sino absuelto. Pero me jodieron la vida. Esos años han definido mi vida de forma determinante pero siempre he tenido la compensación de mi otra faceta, lo positivo y lo negativo, el yin y el yang, el nacimiento y el aborto. La libertad de la mujer como opción básica. Y cuando una mujer quiere parir con sus propios medios, que es lo que hemos expropiado los médicos, yo estoy ahí para posibilitárselo.

-Hábleme del parto natural.
-Hemos expropiado el poder de la vida, que lo tienen las mujeres de siempre. Hemos medicalizado el proceso reproductivo y hacemos del ser mujer enfermedad, la tipificamos desde la primera regla hasta la menopausia. Las mujeres han sido magníficas clientes para los médicos, sumisas y obedientes; afortunadamente algunas se rebelan, alteran el orden buscando su autonomía personal en el momento del nacimiento. Nosotros modificamos el ambiente; en vez de quirúrgico lo hacemos doméstico con una bañera, sofás, una cama ligera, almohadones, música, penumbraÉ Un parto es un acto familiar, por tanto debe estar completa la familia. Integramos a los niños y al padre cuando están, a quien la mujer quiera; nosotros nos retiramos a un segundo plano vigilando las posibilidades de riesgo y si hace falta intervenimos.

-Se acaba de publicar que la píldora post coital habría evitado hasta la mitad de abortos en los últimos seis años.
-Sí. Pero vayamos un poquito más adelante: la concepción de una sexualidad diferente llevaría a evitar el 100% de abortos. Porque ha habido una maldita confusión entre nuestra era cristiana, que lo único permitido era follar en el matrimonio, y de ahí lo hemos amplificado, cuando el derecho al placer es universal y lo producen dos personas, o cinco, o una orquesta sinfónica cuando todos están de acuerdo. Yo no consiento que se me defina por mi sexualidad porque no soy ni homosexual ni heterosexual, soy omnisexual: todo lo que me produce placer es sagrado.

-Aunque usted va por su lado, opine sobre la Sanidad pública española y en concreto la de la Comunitat Valenciana.
-Pienso que todavía es de las mejores sanidades públicas del mundo, en cuanto a la cobertura. Pero está mal dotada económicamente y los médicos están trabajando contra corriente, con muchísima presión y con pocas posibilidades de hacerlo bien. No obstante, la Medicina en general es muy coactiva; los recursos de curación los tiene cada quién en su propio organismo, los médicos solamente debemos rescatar esa posibilidad de curación. Yo reniego y abomino de la gente que cura a la gente, porque eso es Dios, y Dios en mi profesión yo todavía no lo he visto. Yo no he curado a nadie, nunca; quizá haya aconsejado a alguien que siguiendo mis consejos haya logrado una mejoría, pero yo no tengo el poder de curar; sólo el de comunicar por mi experiencia una serie de elementos para mejorar a la gente. La Medicina en general es excesivamente directivista, impositiva, coaccionante; el hecho de que tú te sientes aquí como paciente me obliga a darte un diagnóstico sea cierto o no lo sea, es lo que tú esperas. Y a lo peor me equivoco.

-Pues por ahí van los médicos ortodoxos: ellos son los sabios, ellos son los que deciden.
Mal decidido. Eso es muy peligroso, es jugar a Dios.

-Hoy la Medicina saca al terminal de su entorno, lo aisla enchufado a un gotero, oculta la muerte. ¿Usted actuaría así?
-Yo el problema me lo planteo a nivel personal e ideológico, actualmente a nivel profesional no tengo contacto con pacientes terminales. Afortunadamente elegí el momento del nacimiento y no el de la muerte porque tengo preferencias. Pero yo pienso que tenemos que aceptar la muerte como posibilidad inmediata. La muerte nos hace libres: si piensas que mañana te puedes morir, hoy tienes que ser feliz.

-¿Y nacer? ¿La forma de nacer condiciona a las personas?
-Sí. Nosotros no hacemos partos sin dolor, hacemos nacimientos sin violencia. El tránsito del parto es poco trascendente, sea natural, vaginal, en el agua, cesárea, lo fundamental es la acogida de la madre con el bebé, su relación con él y la lactancia inmediata. Yo digo que si los niños no tienen bastante teta, siempre estarán colgados de una teta. Si el bebé no tiene satisfacción emocional suficiente con su madre, será un dependiente emocional toda su vida, la salud del individuo adulto se genera en el primer año de vida. Algo tan simple como que la madre tenga grietas en el pezón le transmite al bebé sensación de placer al mamar y de dolor de la madre, con lo cual entra en una contradicción profunda que le puede dar cólicos lactantes, ser luego malos comedores y arrastrar procesos de culpa. En ese primer año de cuna, el bebé aprende más que en el resto de su vida.

– ¿Y eso que dicen de que hay que dejarlos llorar en la cuna y no cogerlos, para educarlos?
-Eso es una bestialidad.

-¿Cómo llevar a los niños al psiquiatra cuando fracasan en el cole? Ahora lo hacen, ¿sabe?
-Lo sé. Pero la solución es cambiar radicalmente el sistema escolar: no les interesa absolutamente nada lo que están aprendiendo. Se aburren en el colegio y en casa sus padres no están nunca, y si están no se ocupan de ellos. Hay una confusión de autoridad, los niños no tienen ese criterio. Para mí la función es un poco la madre lo tierno, el padre lo duro, la madre es dentro y el padre fuera; el padre corta el cordón umbilical, pone en contacto al niño con el mundo, le dice "esto está duro y hay que echarle huevos al asunto". Su función es darle criterios de realidad, mientras que la madre se los da de ternura. Pero los padres delegan sus funciones. Antes las recogía la Iglesia, ahora la escuela. Y así vamos.

-Con su manera de pensar, ¿cómo le dejan seguir trabajando, con la derechización disparada de nuestra Comunitat?
-La derecha también aborta.

-Acabemos por el principio, ¿las buenas intenciones del Gobierno se quedarán en agua de borrajas? Hay muchas voces en contra llamándolos asesinos.
-Siempre son los mismos, y siempre son los menos.

El Levante, 16 de septiembre de 2008, link a la fuente