Es el profesor perfecto. Atesora el saber de varias enciclopedias y las relata como amenos cuentos y anécdotas. Profesor emérito de Historia Moderna en la Universidad Rovira y Virgili de Tarragona, actualmente gestiona las aulas de mayores. Está especializado en Historia de la Medicina y la Farmacia. Versátil y carismático, se prestó como modelo para la escultura de Judas que sacan en procesión en la Semana Santa tarraconense.

– ¿Hemos sido sabios al mantener el vino y la cerveza como bebidas básicas desde la Antigüedad?

– Sobre todo el vino. En el Mediterráneo tenemos trigo, olivas y vid, por eso hacemos pan, aceite y vino. La cerveza llegó como el botellón. Las fábricas de cerveza son antiguas, pero el vino se hacía en las casas, y su venta permitía a pueblos de menos de mil habitantes hacer iglesias como catedrales.

– ¿Realmente tenemos en el Mediterráneo el secreto de la dieta perfecta?

– Se comía lo que había. No hemos empezado a comer carne hasta hace 30 años. Yo tomaba pollo por Navidad como un lujo. Si comíamos pescado, eran sardinas, que son pescado azul, muy bueno para la salud. Y para hacer las lindes se plantaban olivos, que además permitían hacer aceite para todo un año.

– Dicen que comemos peor que antes.

– Es que antes la abuela vivía en casa. Las mujeres ahora ya no cocinan y, además, comemos productos que no es normal comer todo el año. Con los invernaderos, no saben igual. Un tomate de huerto en su punto de madurez con aceite, y no necesitas bistec. Pero ahora al dueño del huerto le han pagado las inmobiliarias, y ha metido el dinero en Fórum Filatélico. Una desgracia.

– Si comemos peor, ¿por qué vivimos más?

– Vivimos más tiempo, pero no mejor. No hay que añadir años a la vida, sino vida a los años.

– ¿Bebemos ahora tanto como los monjes medievales?

– Bebemos distinto. Los monjes medievales tenían cirrosis, pero ahora lo deben tener los niños del botellón. Beben los chupitos, que es alcohol puro, cuando antaño sólo los hombres bebían una copa de coñac. El porrón de vino siempre estaba en la mesa, sí, pero alimentaba. Merendábamos pan con vino y azúcar. Nos hemos convertido en alcohólicos por culpa de las películas americanas, en las que se beben el güisqui de un trago. Los romanos también se pegaban juergas de mil demonios y después vino la caída del imperio. El cristianismo tiene como base el pan y el vino.

– Todas las recetas ancestrales tienen como base el vino blanco, ¿por qué?

– Era el más corriente en el Mediterráneo. El tinto se bebía en la Ribera del Duero e interior.

– ¿Cuál es la barbaridad más grande que empleaban antes para sanar?

– Una de ellas era para eliminar la tenia. Aconsejaban aspirar humo de suela de zapato viejo con un colador. Como se creía que la tenia entraba por la boca, pues la espantaban con ese humo para que saliera por el trasero. La gente sigue haciendo barbaridades para curarse. Toman mucho el pelo a la gente.

– ¿Qué remedio medieval sigue vigente?

– Había mucha hierba medieval mezclada con aguardiente para varios remedios. Aún se encuentra en las farmacias el agua del Carmen, que es alcohol con cincuenta hierbas para aliviar los dolores de la menstruación. Lo daban como tónico reconstituyente. Antes las mujeres no entraban a pedir una copa al bar. Se alcoholizaban en casa con agua del Carmen.

– ¿Con el auge de las plantas medicinales y las medicinas alternativas volvemos a la tradición?

– Todo depende de la fe de la gente. No hay enfermedades, sino enfermos.

PROFESOR. Josep María Sabate. / A. SALAS / La Verdad, septiembre de 2008, leer nota completa