febrero 2009


Los pacientes recurrentes copan tres de cada diez consultas en Atención Primaria. Adictos al médico

Parece que tienen en la consulta de Atención Primaria su segunda vivienda. Visitan al médico de cabecera con la asiduidad que se confiesan los beatos y, en ocasiones, tienen más relación con el doctor que con miembros de su propia familia. Lo habitual es que presenten variados síntomas psicosomáticos y, muchas veces, las pruebas y el diagnóstico facultativo determinan que no sufren patología física alguna. Pero estos pacientes están preocupados, asustados y sufren como si tuvieran un trastorno orgánico. Son los adictos al médico, los pacientes hiperfrecuentadores en terminología profesional. Se denomina así a aquellos que utilizan los recursos sanitarios de un modo excesivo y que acuden de manera arbitraria al médico de familia 12 o más veces al año.

Los pacientes recurrentes consumen nueve veces más recursos sanitarios que el resto y ocasionan un 10% del gasto sanitario. Su apego desmedido a la consulta supone para las arcas del Estado un 0,9% del PIB, indicó Javier García Campayo, psiquiatra del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, unos costes que se podrían reducir a la mitad con una adecuada formación de los facultativos. Muchos de estos pacientes acuden convencidos de que tienen enfermedades físicas, pero las pruebas suelen ser negativas.

Les resulta difícil admitir que no tienen ninguna enfermedad, que lo que les ocurre es que han amplificado «su señales somáticas habituales», dice José Ángel Arbesú, coordinador de salud mental de SEMERGEN. «Ante cualquier pequeño estímulo acuden a consulta, y lo peor que les puede pasar es encontrarse con un médico poco receptivo. Hay que escucharles y explorarles, buscar causas estresantes y nunca decirles que no tienen nada».
El perfil del paciente con adicción es el de una mujer, casada, mayor de 50 años y con un nivel de estudios bajo. La mayor parte refieren multitud de síntomas en diferentes órganos y a veces los exageran para demostrar la veracidad de los mismos. Su coletilla habitual es «algo tengo que tener», cuando son síntomas vagos y mal definidos. Solicitan pruebas y exploraciones por un síntoma banal que siempre atribuyen a una enfermedad grave. El inicio es súbito y está relacionado con acontecimientos emocionalmente traumáticos. Suele ser transitorio y de remisión espontánea.

R. HERRERO – La Rioja – 26 de febrerode 2009 –Leer la nota completa

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Luis Lidón Lehnhoff Viena, 4 feb (EFE)- Estados Unidos está bloqueando las posiciones de la Unión Europea (UE) y gran parte de América Latina en unas negociaciones cruciales que fijarán en marzo la política de la ONU sobre estupefacientes para la próxima década, aseguraron hoy fuentes diplomáticas en Viena.

En estas negociaciones, que tendrán un enorme impacto en la vida de millones de personas, la posición de EEUU está representada por conceptos de "mano dura" de la anterior administración republicana, como la "tolerancia cero" propia de la "guerra contra las drogas", señalaron las fuentes consultadas por Efe.

Esta concepción se contrapone al modelo defendido por Europa y América Latina -con la excepción de Colombia- basado en la "reducción del daño", con programas de recambio de jeringuillas, promoción de la higiene y supervisión médica preventiva para poner coto a numerosas enfermedades.

EEUU ha venido insistiendo que esos programas, que suelen incluir también el suministro de metadona, no pueden ayudar a expandir o facilitar el consumo de drogas.

Se trata pues de dos visiones muy diferentes: la primera continúa un enfoque "prohibicionista" y judicial, mientras que la segunda pretende fomentar políticas de salud pública, con resultados positivos en los países en los que se llevaron a la práctica.

Según las ONG, este último modelo, además de salvar vidas, es también más económico porque la prevención del sida, la hepatitis y otras enfermedades supone grandes ahorros a la sanidad, permitiendo invertir ese dinero en campañas de concienciación sobre el peligro de las drogas.

Según varias fuentes diplomáticas, los negociadores estadounidenses han vetado cualquier mención a programas de "reducción de daños" en la declaración política que se negocia, pese a que es una política predicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por la mayoría de las agencias de la ONU.

La sorpresa ante las posiciones estadounidenses es enorme porque el nuevo presidente Barack Obama ha defendido en su campaña acabar con la prohibición en EEUU a las prácticas de recambio de jeringuillas y ha mostrado su proximidad a tratar el problema de las drogas como un asunto sanitario y no penal.

Ante ello, tres congresistas demócratas han escrito a la nueva embajadora de EEUU ante Naciones Unidas, Susan Rice, para que tome cartas en el asunto con urgencia, ya que las negociaciones están en su fase final y se debe llegar a un acuerdo antes del 10 de marzo, cuando se reúna en Viena la Comisión de Estupefacientes de la ONU.

Las fuentes consultadas explican que esa declaración política no es vinculante -cada país podrá aplicar las medidas que crea oportunas- pero que puede tener mucha influencia al definir la estrategia sobre drogas de la ONU.

La posición de EEUU encuentra apoyo también en Colombia, Japón, Irán y Rusia, este último, el país del mundo con más enfermos de sida por el uso de drogas inyectables.

También el relator especial de la ONU sobre la Tortura, Manfred Nowak, y el relator sobre el Derecho a la Salud, Anand Grover, exigieron en una carta a la que ha tenido acceso Efe que se incluyera la estrategia de "reducción de daños" como un elemento consustancial de los derechos humanos.

"A fin de que los Estados miembros puedan cumplir con sus obligaciones con los derechos humanos, y garantizar la coherencia del sistema de Naciones Unidas, creemos que el anexo debe modificarse para incluir un lenguaje amplio en apoyo a servicios de reducción del daño", se lee en la misiva.

Para Allan Clear, director de la coalición en favor de las políticas de reducción de daños, la posición estadounidense se debe al automatismo de "burócratas del Departamento de Estado curtidos en la guerra contra las drogas".

También la ONG Human Rights Watch ha criticado la estrategia de tolerancia cero, ya que "tiene el efecto de alejar a los usuarios de drogas por vía intravenosa de los tratamientos de desintoxicación y demás cuidados sanitarios". EFE ll/jk/sc

Terra – EFE – 05 de enero de 2009 – Leer la nota completa