marzo 2009


¿Recuerdan el efecto Mozart? Tal como lo plantearon los medios, el mensaje decía que escuchar a Mozart hacía más inteligentes a los niños. No tenía mucha base científica, pero esta idea indicaba —y un volumen creciente de investigaciones lo ha sugerido desde entonces— que la música, y en concreto la música clásica, es beneficiosa para el organismo. Este campo cuenta aún con pocas evidencias, pero la probabilidad ha abierto un intenso debate entre científicos y otros expertos.

Matthew Gurewitshc (NYT) – 31 de marzo de 2009 – Link a la nota completa

“Escuchar música refinada y asistir a conciertos con regularidad rejuvenece en cuatro años nuestra edad real”,  “Escuchar música refinada y asistir a conciertos con regularidad rejuvenece en cuatro años nuestra edad real”, explicó recientemente el doctor Michael F. Roizen, director de bienestar del Wellness Institute de la Cleveland Clinic. “Tanto si se debe al alivio del estrés o a otras propiedades, hemos observado un descenso en la mortalidad general, reflejando la ralentización del envejecimiento de las arterias, así como los factores relacionados con el cáncer y medioambientales. Asistir a eventos deportivos como el fútbol o el fútbol americano no ofrece ninguno de estos beneficios”.

Que la música llega al núcleo de nuestro ser es un descubrimiento tan antiguo como la conciencia humana. Platón lidió con los poderes de la música en Leyes y otros diálogos, y no fue el primero en hacerlo. En muchas de sus escenas más conmovedoras, Shakespeare dramatizó el efecto relajante de la música sobre los espíritus turbados.
Curanderos de muchos tipos intentan utilizar la música con fines terapéuticos, aunque sólo sea como acompañante de los perfumes y el té verde. ¿Podría la música llegar a tener su puesto como medicina?

Una experta que apuesta por que lo hará es Vera Brandes, directora del programa de investigación sobre música y medicina de la Paracelsus Private Medical University de Salzburgo, Austria. “Soy la primera farmacóloga musical”, afirmó Brandes el pasado otoño en Viena. Está desarrollando medicación en forma de música, dispensada con receta. Para comercializar la línea de productos, ayudó a fundar Sanoson (sanoson.at), una empresa que también diseña sistemas de música personalizados para instalaciones médicas.

“Nos estamos preparando para lanzar nuestras terapias en Alemania y Austria en otoño de 2009”, dijo, “y esperamos lanzarlas en EEUU en 2010”.  “Oír música que calma en un punto ascendente de nuestro ciclo circadiano no nos calmará”
Terapias

Así es como funciona el tratamiento: una vez el médico ha establecido el diagnóstico, el paciente vuelve a casa con un protocolo de escucha y música cargada en un dispositivo parecido a un iPod. El momento específico de aplicación de la terapia resulta crítico.

“Oír música que calma en un punto ascendente de nuestro ciclo circadiano no nos calmará”, explicó Brandes. “Incluso podría molestarnos.” La tecnología —que incluye unos auriculares especiales y un formato especial como protección contra la piratería— la hemos desarrollado nosotros. Se ha rellenado una solicitud de patente en la oficina estadounidense de patentes y marcas.

La música también la hemos preparado nosotros. Para evitar la interferencia de asociaciones personales, la música consiste en su totalidad en material original. “Durante la investigación”, explicó Brandes, “nos dimos cuenta de que cuando la gente escucha música que conoce, su reacción es totalmente diferente”.

Roizen y Brandes coincidieron el pasado agosto en un simposio que llevaba por nombre La música y el cerebro, presentado por la Cleveland Clinic y la orquesta de Cleveland durante la estancia de la orquesta en el festival de Salzburgo.

Roizen, que es uno de los autores (junto con Mehmet C. Oz) de You: The Owner’s Manual y sus numerosas secuelas de gran éxito, hizo grandes aportaciones con su aire de showman en su discurso Los efectos beneficiosos de la música en su salud. Brandes, quien trabajaba en el programa para Mozart & Science 2008, un congreso internacional que se celebró en Viena el pasado noviembre, estuvo presente y descubrió que compartía con Roizen la pasión por cuantificar los efectos sobre la salud que muchos han atribuido a la fe. Los científicos de la naturaleza, muchos de ellos también músicos, han mirado la música con un ojo más analítico. En el utilitario siglo XX, Muzak construyó un imperio (que ahora está tramitando el capítulo 11 de la bancarrota) basado en la premisa de que la música de fondo en el lugar de trabajo podría aumentar la productividad. El doctor Oliver Sacks, el empedernido explorador de regiones desconocidas de la neurología, dedicó su último best-seller, Musicophilia a los efectos inusuales de la música en el cerebro. Tal como sabe cualquiera que posea un iPod, las listas de canciones personales pueden obrar pequeños milagros sobre el humor y el bienestar.
La pregunta es: ¿cómo?

Igual que los antiguos farmacéuticos, que destilaban extractos de las hierbas y plantas que les ofrecía la naturaleza, Brandes y sus socios analizan músicas de todos tipos para descubrir sus ingredientes activos, que a continuación se mezclan y equilibran en compuestos medicinales. Aunque evitan las grandes patologías o las enfermedades infecciosas, afirman que sus métodos cuentan con una amplia aplicación en desequilibrios psicosomáticos, tratamiento del dolor y lo que Brandes llama “enfermedades de la civilización”: la ansiedad, la depresión, el insomnio y ciertos tipos de arritmia.

En un estudio de 2008, Brandes y sus socios investigaron los efectos de la música en pacientes que sufrían hipertensión para la cual no se pueden encontrar causas orgánicas. Según su estudio, al escuchar un programa musical especialmente diseñado durante 30 minutos al día, cinco días a la semana durante cuatro semanas, los pacientes experimentaron mejoras clínicamente significativas en la variabilidad del ritmo cardíaco, un importante indicador de la función nerviosa autónoma.

Tal como lo ve Brandes, en el futuro algunas cosas pueden cambiar mucho, pero hay otras que no deberían hacerlo. “Imaginemos que nos llega un paciente que padece depresión”, dice. “El primer paso siempre es ver al médico. Luego, sin embargo, existirá la posibilidad de escoger entre diversos tratamientos: un psiquiatra, Prozac o música”.

Infarto, amnesia, cáncer, depresión, psicosis, hepatitis, pancreatitis, colesterol, paranoia, hipertensión y pérdida de masa ósea son apenas algunos de los males que provoca el exceso de alcohol. No queda órgano a salvo, y sin embargo es la droga más consumida del país. Una copa puede ser la gota que rebasa el vaso.

Es la única droga que ha sido relacionada con un gen específico. Así, un hijo de alcohólicos tendrá más posibilidades de serlo, aún cuando no sea criado por ellos.

El País – Gabriela Vaz – Uruguay, 30 de marzo de 2009 – Leer la nota completa

Cuando alguien bebe una lata de cerveza o una copa de vino, 10 gramos de etanol ingresan a su cuerpo. Los expertos en drogas le llaman "una unidad de bebida". En una medida de whisky hay dos unidades: 20 gramos. Desde la perspectiva de la salud, es lo que tiene más relevancia: saber cuánto alcohol puro está recorriendo el organismo. Porque si algo es seguro es que ese trayecto no pasará en vano.

En Alcohólicos Anónimos lo saben y, en ocasiones, intentan sacar la cuenta de cuántos litros de alcohol bebieron en sus vidas. Por ejemplo, una botella todos los días equivale a 365 al año, que en una década equivale a 3.650 litros… "Imaginate, son cientos de barriles bañando permanentemente la lengua, el esófago, el estómago, el intestino, el hígado, el riñón, la vejiga…", enumera el psiquiatra Fredy Da Silva, director del Centro de Tratamiento de Adicciones Izcali y coordinador del Posgrado en Drogodependencia de la Universidad Católica, al tiempo que asocia una lista de cánceres y males que parece no tener fin. Lo corrobora la toxicóloga Cecilia Dell`Acqua, de la Junta Nacional de Drogas: "A diferencia de otras sustancias que tienen un `blanco` específico, prácticamente no hay órgano del cuerpo humano que no sea afectado por el alcohol".

Pero sus consecuencias muchas veces superan ampliamente los límites del propio físico. Es la droga más involucrada en los accidentes de tránsito, la más relacionada con violencia doméstica, la que tiene más costos en salud y en economía para el país. Sin embargo, es tan popular que su potencial dañino es capaz de pasar desapercibido o ser olvidado a la hora de divertirse, de reunirse con amigos, de "ahogar penas", de servirse el trago diario.

El 80% de la población prueba alcohol y entre un 10 y un 20% "quedan pegados" a la bebida, dice Da Silva. En Uruguay, el guarismo se traduce en 230.000 personas con un consumo problemático, de acuerdo a la Cuarta Encuesta Nacional en Hogares sobre Consumo de Drogas. La cifra coloca al alcohol, primero y lejos, como la droga más consumida en el país. Lo secunda, bastante rezagado, el tabaco, con 73.000 "fumadores intensos", de acuerdo al mismo sondeo.

Entre tantas personas que se animan a beber, ¿qué hace que unos "queden pegados" y otros no? Multiplicidad de factores, entre los que entra lo genético, lo social, la historia de vida, y quizá también la voluntad. "Una persona necesita unos diez años para convertirse en adicto", indica el psiquiatra Gabriel Rossi, miembro de la Junta Nacional de Drogas e integrante de la Coordinadora Intersectorial para Políticas de Alcohol (CIPA). Eso implica una década de tomar por simple gusto, hasta que el cuerpo comienza de verdad a necesitarlo.

Por eso es que no hay jóvenes dependientes. En su caso, lo correcto es hablar de "consumo problemático", pero no hay adicción porque en general el organismo no ha tenido tiempo de desarrollarla. Pero la bebida no escatima en daños ni respeta las edades. De acuerdo a recientes investigaciones, el efecto del alcohol en un cerebro adolescente es aún mayor que en uno adulto. "Se plantea que puede haber incidencia en la neuroplasticidad cerebral. Esto quiere decir que las neuronas estarán menos flexibles a nuevos aprendizajes", explica el psiquiatra Rossi. Por tal razón, no hay parámetros "seguros" en menores de 18 años, como sí se establecen para adultos. Se considera que seis unidades de bebida (tres whiskys, por ejemplo) para un hombre, y cuatro para una mujer, por ocasión de bebida, son el límite para un "consumo de riesgo", es decir, un consumo que puede traer problemas en determinado tiempo.

De vuelta con los jóvenes, todos los especialistas coinciden en que, cuanto antes se inicia alguien en la bebida, mayor será su probabilidad de caer en la adicción. Un estudio realizado en Estados Unidos concluyó que el 47% de las personas que comienza a tomar antes de los 14 años desarrolla dependencia en algún momento, contra un 9% de los que empiezan pasados los 21.

Para Rossi, no hay un perfil particular o características psicopatológicas para decir que equis persona tendrá una adicción. Como se dijo, es multifactorial. Sí es la única droga que ha sido relacionada con un gen específico, apunta la toxicóloga Dell`Acqua. Por eso, el hijo de un padre alcohólico tendrá más posibilidades de desarrollar la adicción, aunque no sea criado por él.

Luego están los motivos sociales, más difíciles de detectar. En una encuesta nacional realizada entre estudiantes de liceos públicos y privados en 2005, el 25% reveló haber sufrido una "intoxicación alcohólica" en los 15 días previos al estudio. En 2007, el mismo dato subió a 40%. Un aumento demasiado alto para dos años. ¿Razones? Banalización del consumo, entre otras especulaciones. Nada seguro. "No tengo explicación, como creo que no la tiene nadie", confiesa Milton Romani, secretario general de la Junta Nacional de Drogas. Pero el dato es motivo suficiente para fijar la atención por ese lado.

A ello apunta, entre otras cosas, el proyecto de ley del alcohol que por estos días duerme en el Parlamento. Entre otros ítems, propone restringir la venta a ciertos locales comerciales, prohibiéndola en quioscos, estaciones de servicio, cerca de espectáculos o eventos deportivos. La única recomendación de la Organización Mundial de la Salud que no incorporó el proyecto de ley es la suba de impuestos para encarecer el precio de la bebida.

ENFERMOS. La semana pasada en Argentina se puso en vigencia una norma por la cual las obras sociales y prepagas (las mutualistas) están obligadas a cubrir los tratamientos por alcoholismo. De esta manera, se reconoce esa adicción al fin como una enfermedad.

Y es que, de hecho, no hay sustancia que genere tantos gastos al sistema de salud como el alcohol. No importa cuál sea la bebida (cerveza, vino, destiladas), aunque se necesiten diferentes dosis para llegar al mismo efecto, éste se repite. Un gramo de etanol, o alcohol etílico, suma al organismo 7,1 kilocalorías, un aporte energético que no incluye nutrientes.

La lista de males que es capaz de generar parece interminable. Los expertos enumeran: polineuropatía, arritmia, infarto, arteriosclerosis, hipertensión arterial, anemia, pérdida de masa ósea, amnesia, alteraciones de sueño, trastornos del equilibrio, depresión, ansiedad, demencia, paranoia, psicosis (delirius tremens), cirrosis hepática, hepatitis tóxica, encefalopatía hepática, pancreatitis, colesterol, cáncer de esófago y bucal, y daños en el feto si se toma durante la gestación (ver nota de página 3). Del 50 al 85% de los alcohólicos crónicos tiene deterioro cognitivo, 10% de los cuales se acompaña con síndrome orgánico cerebral.

A su vez, entre los alcohólicos la depresión es el doble que la que se encuentra en la población en general. El riesgo de suicidio se ubica entre 11 y 15% y los alcohólicos protagonizan del 15 al 25% de todos los suicidios concretados, según el psiquiatra Da Silva, quien destaca la paradoja del depresivo tomando un depresor. "En el momento de estar tomado, uno se puede sentir eufórico. Esa es la trampa. En las primeras 2 a 4 horas, según la habilidad del bebedor, el alcohol funciona como un desinhibidor y genera verborragia, alegría, euforia. Pero luego aparece el bajón. La prueba de que el alcohol es un depresor la ves en que, cuando alguien toma mucho se duerme. Y si tomás más todavía, entrás en coma farmacológico por depresión del sistema nervioso".

Por si quedaban dudas, una investigación de la Universidad McGill, en Montreal (Canadá), acaba de confirmarlo: mientras beber poco produce euforia leve, reduce la ansiedad y genera cierta sensación de bienestar, ingerir grandes cantidades de alcohol, al inhibir la producción y liberación de endorfinas, tiene efectos "hipnóticos y sedantes" y estimula la aparición de cuadros de depresión. Christina Gianoulakis, una de las autoras, explicó a la agencia Reuters: "Dado que sólo el consumo de poca cantidad de alcohol aumenta la liberación de endorfinas y produce efectos placenteros, si una persona no siente esos efectos luego de una o dos copas, debería dejar de tomar". Los resultados de este estudio ya están online, y serán publicados en junio en la revista Alcoholism: Clinical and Experimental Research.

Por aquí, Gabriel Rossi, en la primera línea contra el abuso de la bebida, aclara: "No somos puritanos, sabemos que todo el mundo consume. No queremos una `ley seca`. Lo que queremos es ordenar desde el punto de vista preventivo y tratar de minimizar los riesgos".

Por eso, tenga presente el deseo en cada brindis: "¡Salud!"

Verdades que no gusta oír

"El 80% de los alcohólicos están deprimidos. Consumen alcohol como si fuera un antidepresivo, pero es una droga depresora. Entonces tenés a un deprimido tomando un depresor. Es como si alguien a quien le duele la cabeza se pegara un martillazo. Eso no va a terminar nunca". Fredy Da Silva, psiquiatra.

"En los últimos cuatro años se instaló el tema (del consumo de drogas) en la sociedad, y eso es muy bueno. Tenemos que tener cuidado de no lesionar los derechos humanos y ser respetuosos de ellos. Por tanto vamos a fiscalizar, pero respetando derechos y garantías". Milton Romani, Junta Nacional de Drogas.

"Todo el mundo sabe que el tabaco hace mal al feto, pero si comparás las consecuencias de fumar durante el embarazo con las de tomar alcohol, éstas son muchísimo peores. Puede producir malformaciones faciales y es la primera causa de retardo mental en el niño. Y nunca se habla de eso". Cecilia Dell`Acqua, toxicóloga.
Las cifras

230.000 Personas con un consumo problemático de alcohol en Uruguay. Sigue el tabaco, con 73.000 "fumadores intensos".

50% Del 50 al 85% de los alcohólicos crónicos sufre deterioro cognitivo, según el psiquiatra especializado Fredy Da Silva.

11% Entre 11 y 15% se fija el riesgo de suicidio entre los alcohólicos. Protagonizan del 15 al 25% de todos los suicidios concretados.

"Lo de la `cultura alcohólica` es un problema. Se ve como un valor social que alguien tome más que otros sin emborracharse, que `aguante`. Pero desde lo biológico es una mala noticia. Los que tienen esa tolerancia tienen más probabilidades de desarrollar un consumo problemático". Gabriel Rossi, psiquiatra.
Cuarenta mil buscan ayuda

A primera vista, podría confundirse con un grupo de amigos cualquiera: doce hombres de entre 20 y 35 años (sólo uno parece superar los 40) vestidos informalmente, reunidos en un salón. Pero las palabras que minutos más tarde se escucharán entre esas paredes los diferencia en mucho de la mayoría.

"Mi madre me puso un ultimátum: me quedo acá o voy a la calle"; "hablé con mi mujer y por suerte dejó esa idea que tenía de matarse"; "estoy triste porque un compañero está en el Vilardebó y te das cuenta dónde podés terminar, te das cuenta que estás en un infierno"; "mi hermana no me habla porque le vendí la guitarra… y la entiendo"; "me quise internar en el Maciel, pero no pude"; "me encantó estar afuera, pude pasar con mi familia en paz, sin peleas"; "tuve ganas, pero no lo hice"; "caí… consumí".

Todos los días, los pacientes del Centro de Tratamiento de Adicciones Izcali comienzan sus reuniones con la misma oración: "Estamos aquí para aprender a descubrirnos". La gran mayoría están por su dependencia a la pasta base, pero el grupo no discrimina: hay alcohólicos, y hasta hubo ludópatas.

"El tratamiento es el mismo para todos. En ellos, algunas cosas difieren. Por ejemplo, con pasta base son frecuentes los problemas con la familia por vender cosas, han desvalijado casas. Eso no pasa con los alcohólicos", explica el psicólogo Martín Gedanke, operador terapéutico de los grupos de Izcali. Lo cierto es que los temas se repiten: conflictos de familia, pérdidas materiales y afectivas, miedo a recaer.

En 2006, 40.000 personas declararon haber buscado ayuda profesional por adicción a alguna droga, en una encuesta nacional de la JND. La cuarta parte de ellos lo hizo en Alcohólicos Anónimos. No hay que hacer muchas cuentas para entender cuál es el mayor flagelo.

El País – Gabriela Vaz – Uruguay 30 de marzo de 2009 – Leer la nota completa

El Hospital de A Coruña inaugura un centro de formación para personal sanitario, pionero en España, con la última tecnología en robots que simulan los síntomas de un enfermo

medicos-hospital-coruña Maniquíes que simulan al cien por cien los síntomas de una parada cardiorrespiratoria, una hemorragia o cualquier patología y ordenadores que permiten operar a un paciente virtual con la misma dificultad que si se tratase de un humano pero que informan de los errores que comete el médico. Estas son algunas de las novedades que incorpora el centro de formación del Hospital de A Coruña, que amplía sus instalaciones para convertirse en la única clínica española que dispone de este servicio de aprendizaje para facultativos

A CORUÑA Sangran, respiran, entran en parada, ponen resistencia para la extirpación de tejidos y presentan los síntomas propios de cualquier paciente pero no se quejan y lejos de que un error médico pueda acabar con su vida, las equivocaciones aquí son la base para aprender. Se trata de los simuladores médicos -tanto virtuales como robóticos, en forma de maniquí- que desde ayer protagonizan el nuevo Centro Tecnológico de Formación del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña. Un recinto de 700 metros cuadros, que amplía la antigua Unidad de Cirugía Experimental, y convierte a este centro en el único hospital de España que dispone de este servicio de formación. "Solo hay otros dos centros en Extremadura y Andalucía pero no están vinculados a una clínica sino a facultades", señala el gerente del centro, José García Buitrón.

El objetivo es que el personal sanitario del centro y los futuros médicos tengan a su disposición lo último en tecnología para practicar desde sencillas tareas como coger una vía, poner la anestesia y hacer una drenaje hasta reanimaciones cardiorespiratorias o innovadoras operaciones con laparoscopia o endoscopia, antes de tener su primer contacto con pacientes. "Antes de que un anestesista entube a un paciente tiene que haber practicado unas 50 veces en un simulador", señala Buitrón. "El ensayo previo es muy importante porque hay veces que en una operación es muy difícil explicar con todo detalle lo que vas haciendo. Antes un médico se enfrentaba a su primera intervención con un paciente real y ahora esto no será necesario", señala el coordinador de la formación en el hospital, Javier Aguirrezabalaga.

La apuesta del Hospital de A Coruña se traduce en más metros y más herramientas de aprendizaje. Desde hace 20 años cuando abría sus puertas el primer quirófano experimental del centro hasta el complejo departamento que recibirá a sus primeros médico-alumnos el lunes y que está dividido en cuatro áreas de simulaciones: virtual, robótica, escénica y experimental.

Hasta ahora la Unidad de Cirugía Experimental se limitaba a dos simuladores de cirugía laparoscopia y endoscopia -aquella que se realiza con tan sólo pequeñas incisiones en el paciente por donde se introducen microcámaras y el material quirúrgico-, unos aparatos formados por una manillas (que simulan las manos del cirujano) y una pantalla donde el médico observa cada paso que da, conoce las reacciones del supuesto enfermo y recibe información de qué está realizando mal en cada momento. A esta tecnología se incorpora un nuevo simulador de artroscópica.

Pero sin duda las estrellas del nuevo centro de formación son los robots que reproducen al 100% cualquier situación que puede vivir un paciente. Los hay de gama baja -para que los residentes o alumnos de Medicina ensayen cuestiones sencillas- y los denominados 3G, que tanto simulan ser un adulto de 70 kilos como un recién nacido o un neonato. Todo ello gracias a un entramado de dispositivos electrónicos y mecánicos que logran que el muñeco tengan constantes vitales al igual que un humano y reaccione como lo haría cualquier paciente.

En una escala inferior se encuentra el departamento de simulación escénica. Allí serán actores quienes pondrán a prueba a los facultativos, fingiendo determinados síntomas de patologías concretas. Además, los animales también participan de la formación de los facultativos. Cerdos, ovejas o ratas son, en ocasiones, quienes hacen las veces de enfermo. "En el nuevo centro la experimentación con animales se reducirá un 70%", señala el coordinador de este área, Alberto Centeno.

Cuatro fórmulas distintas que forman la particular autoescuela que deben pasar todos los médicos.

La Opinión de la Coruña – A. RAMIL – 27 de marzo de 2009 – Leer la nota completa

Una mujer contagió el VIH a su bebé al tardar Sanidad tres años en decirle que tenía sida
El Tribunal Supremo concede a la madre del pequeño 120.000 euros de indemnización

Correo Digital – A. Checa – 18 de marzo – nota completa

Una mujer y su hijo han quedado marcados de por vida por la desidia de la Sanidad valenciana. Durante tres años, entre septiembre de 1994 y el mismo mes de 1997, la madre no fue informada de que tenía sida, y así, nada pudo hacer por impedir que a través de su sangre y de la lactancia materna transmitiera el virus VIH a su pequeño.
La Conselleria de Sanidad ya pagó en parte su culpa tras una primera sentencia condenatoria del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana. Pero lo hizo con la «irrisoria cantidad», como es calificada ahora por el Supremo, de 20.000 euros por los perjuicios sufridos por el pequeño. Este tribunal hace más llevadero el sufrimiento causado a madre e hijo al incrementar hasta 120.000 la indemnización a recibir por la demandante.

La cifra, no obstante, sigue quedándose muy alejada de los 420.000 euros que reclamaba. Y es que la Justicia reconoce los daños causados al bebé durante el embarazo y lactancia, pero no así los perjuicios sufridos por la propia madre. Según el Supremo, la afectada no ha aportado «prueba alguna para acreditar la singularidad de los daños que le ha producido el retraso en el tratamiento médico».

Desidia continuada
La sentencia indica que la paciente fue informada por los servicios médicos de la Generalitat Valenciana de su condición de seropositiva en 1997. Ello, a pesar de que los facultativos tenían conocimiento de la dolencia desde septiembre de 1994, fecha en la que se sometió a las pruebas denominadas Screening Elisa y Confirm Blot.
Junto al retraso en la comunicación de la existencia de la enfermedad, los médicos valencianos se quedaron cruzados de brazos. «No se adoptó medida alguna de tratamiento para reducir las posibilidades del riesgo de transmisión al feto y paliar sus efectos», señala la sentencia.

Los lamentos de la afectada se dirigen a la cierta facilidad con la que podría haberse evitado el contagio del virus al recién nacido. La adopción de una serie de medidas de precaución que no se tomaron durante el embarazo o el periodo de lactancia, como subraya la sentencia, lo habrían evitado.

En su demanda, la madre atribuía el contagio del sida a transfusiones sanguíneas y de concentrados plaquetarios dentro de un tratamiento derivado de una patología secundaria a la hepatitis C. Pero tanto el Tribunal Superior valenciano como el Supremo coinciden en que no hay pruebas para relacionar la infección y la actuación de Sanidad.
Los 120.000 euros «en modo alguno pueden reparar o compensar el daño causado», reconoce el propio máximo tribunal español. Al menos, como subraya en el tal vez único pasaje optimista de la resolución judicial, el afectado, ahora adolescente, no padece síntomas de sida.

Bacterias del aparato a las manos 

    * La superficie de los teléfonos sirve de reservorio para numerosas bacterias hospitalarias
    * Los sanitarios deberían limpiar los aparatos para no infectar a los pacientes

MADRID.- En 1861, el médico húngaro Ignaz Semmelweis, descubrió que era posible reducir la mortalidad en los partos de su hospital con sólo lavarse las manos antes de atender a la parturienta. A pesar de que su teoría fue despreciada y el joven galeno acabó despedido, puede decirse que sentó las bases de la prevención de las infecciones hospitalarias. Si Semmelweis levantase la cabeza, su afán antibacteriano tendría hoy en día un moderno enemigo: el teléfono móvil.

Imagine la secuencia. El móvil suena en la bata de un médico (que tal vez está en el quirófano), se lo lleva al oído y atiende la llamada. Cuando acaba, devuelve el aparato al bolsillo y sigue con su tarea. Atiende a un paciente, le explora; pasa al siguiente… Esta escena habitual puede ser fuente de infecciones bacterianas en los hospitales, según advierte un trabajo realizado en Turquía y que acaba de publicar la revista ‘Annals of Clinical Microbiology and Antimicrobials’.

Investigadores del Hospital Ondokuz Mayis (en la localidad turca de Samsun) analizaron a 200 sanitarios de su centro y sus respectivos celulares en las Unidades de Cuidados Intensivos del Centro y en 14 quirófanos. En todos los casos se tomó una pequeña muestra de la superficie del aparato así como de la mano de cada participante (la izquierda en el caso de los zurdos) para valorar cuántos de ellos estaban ‘contaminados’.

Para sorpresa de los autores, el 95% de los teléfonos estaba contaminado con diferentes tipos de bacterias hospitalarias; algunas muy peligrosas y resistentes a los antibióticos. En la mitad de los terminales se hallaron cepas del ‘Staphylococcus aureus’ (principal causa de infecciones hospitalarias), un patógeno que en el 37,7% de las manos analizadas era resistente a la meticilina.

Hasta tres colonias diferentes

En el 49% de los teléfonos sólo se identificó un tipo de bacteria, pero en un 45% de los casos los investigadores detectaron dos o tres patógenos ‘conviviendo’ simultáneamente. No se hallaron diferencias significativas en las colonias bacterianas entre los distintos tipos de profesiones sanitarias; aunque el recuento de bacterias sí resultó ser superior entre quienes recibían más llamadas.

Sólo el 10% de los médicos y enfermeras participantes reconoció que limpiaba con regularidad su móvil. Teniendo en cuenta la preocupación que despiertan las infecciones nosocomiales (las que se producen en los hospitales), este porcentaje les parece demasiado pequeño a los autores, que consideran que estos teléfonos pueden ser una importante fuente de transmisión de infecciones.

Hasta ahora, reconocen, no se ha elaborado ninguna guía de ‘limpieza de móviles’ en los hospitales, aunque señalan que habría que empezar a extremar las medidas de higiene de este aparato (y a lavarse las manos más a menudo). Bastaría con que cada sanitario dedicase unos minutos a limpiar la superficie del aparato con algún desinfectante, "que con cada uso entra en contacto con partes del cuerpo humano muy contaminadas, como la oreja, la nariz, la boca o la propia mano". De ahí, no es difícil que las bacterias pasen de un paciente a otro, causando problemas de salud a personas que se encuentran ingresadas y cuyo sistema inmune puede estar ya de por sí debilitado.

El móvil, explican en el trabajo, es una herramienta que los médicos utilizan tanto para llamadas particulares como para situaciones de emergencia, en las que resulta imprescindible. Pero si no se previene su papel como reservorio y fuente de bacterias hospitalarias, podría dejar de ser un aliado para convertirse en un elemento de riesgo en los pasillos de los hospitales. El trabajo no hace ninguna mención al ‘busca’, otro de los elementos de comunicación interna que se siguen utilizando con frecuencia en los hospitales.

MARÍA VALERIO – El Mundo – 06 de marzo de 2009 – Link para leer la nota completa

La mala praxis lesiona al paciente, no al sistema
La salud pública o privada no se vulnera cuando los ciudadanos hacen uso de su legítimo derecho de accionar contra médicos que no son idóneos.
Por: Mariano Aguilar
Fuente: DIRECTOR EJECUTIVO DE LA ASOCIACIÓN ARGENTINA DE ABOGADOS AMBIENTALISTAS

Es necesario rechazar los argumentos vertidos por el doctor Jorge Iapichino, Presidente de Femédica, en su columna de opinión del lunes 23 de febrero.

Los abogados no podemos permitir que se nos endilgue la responsabilidad de los males que padece el servicio del sistema de salud. Debemos rechazar asimismo el concepto de que uno de los más prósperos negocios del país es la industria del juicio por mala praxis.

El doctor Iapichino se olvida de considerar a los pacientes que han sufrido sobre su salud daños irreversibles, y se olvida también de los que han entregado su vida por el daño ocasionado. Hay que recordar que en el trámite de un juicio existe el dictamen de otro médico, que afirma sobre lo que debió haberse hecho u omitido.

Es imposible sostener en forma científica y fáctica que son los juicios de mala praxis, el sistema decenal de prescripción liberatoria y la jurisprudencia judicial los culpables de la medicina defensiva, que "aporta un factor económicamente dramático al futuro del sistema" (como señala Iapichino).

Predicamos entonces que los médicos se hagan cargo de su ejercicio indebido de la medicina, extremo que debe y tiene que ser juzgado tanto por el paciente o parientes como luego por el juez que entienda en la causa, quien se ayudará con otros médicos -peritos médicos de todas las especialidades- y resolverá si existió responsabilidad.Por otro lado, los que hacen "negocio" con la actividad medicinal no somos los abogados, sino algunos sistemas de salud prepagos, que convierten a la prestación de la medicina en un pingüe negocio.

Las palabras huelgan. Deberá hurgarse para analizar los problemas del sistema de salud en otros ítems, quizás en el contralor de las Universidades en el otorgamiento de títulos; o bien crearse un sistema de actualización y control periódico sobre la idoneidad en cada especialidad; deberán controlar la reválida de títulos a extranjeros; deberán bajarse los costos de los medicamentos, de los análisis de laboratorio; etc.

Pero de ninguna manera se puede entender que el problema de la salud pase por los juicios de mala praxis. Pensar así sería poner el carro delante de los caballos; sería poner en crisis el derecho de todo ciudadano a ejercer su garantía constitucional de recurrir a la Justicia; y a los médicos a su vez se les estaría violentando el derecho de defensa en juicio (artículos 14 y 18 de la Constitución Nacional).

En definitiva, estamos responsabilizando a un sector que nada tiene que ver con la problemática de la sanidad poblacional y que en el caso de ser bien ejercida, la Justicia no actuaría.

La mala praxis sólo lesiona al paciente y no al sistema de salud de la República Argentina. Menos a su futuro, como auguraba el artículo del doctor Iapichino.

Pedido de publicación Adriana de Darío – Nota de Diario Clarín – 03 de marzo de 2009 – Link a nota completa