Infarto, amnesia, cáncer, depresión, psicosis, hepatitis, pancreatitis, colesterol, paranoia, hipertensión y pérdida de masa ósea son apenas algunos de los males que provoca el exceso de alcohol. No queda órgano a salvo, y sin embargo es la droga más consumida del país. Una copa puede ser la gota que rebasa el vaso.

Es la única droga que ha sido relacionada con un gen específico. Así, un hijo de alcohólicos tendrá más posibilidades de serlo, aún cuando no sea criado por ellos.

El País – Gabriela Vaz – Uruguay, 30 de marzo de 2009 – Leer la nota completa

Cuando alguien bebe una lata de cerveza o una copa de vino, 10 gramos de etanol ingresan a su cuerpo. Los expertos en drogas le llaman "una unidad de bebida". En una medida de whisky hay dos unidades: 20 gramos. Desde la perspectiva de la salud, es lo que tiene más relevancia: saber cuánto alcohol puro está recorriendo el organismo. Porque si algo es seguro es que ese trayecto no pasará en vano.

En Alcohólicos Anónimos lo saben y, en ocasiones, intentan sacar la cuenta de cuántos litros de alcohol bebieron en sus vidas. Por ejemplo, una botella todos los días equivale a 365 al año, que en una década equivale a 3.650 litros… "Imaginate, son cientos de barriles bañando permanentemente la lengua, el esófago, el estómago, el intestino, el hígado, el riñón, la vejiga…", enumera el psiquiatra Fredy Da Silva, director del Centro de Tratamiento de Adicciones Izcali y coordinador del Posgrado en Drogodependencia de la Universidad Católica, al tiempo que asocia una lista de cánceres y males que parece no tener fin. Lo corrobora la toxicóloga Cecilia Dell`Acqua, de la Junta Nacional de Drogas: "A diferencia de otras sustancias que tienen un `blanco` específico, prácticamente no hay órgano del cuerpo humano que no sea afectado por el alcohol".

Pero sus consecuencias muchas veces superan ampliamente los límites del propio físico. Es la droga más involucrada en los accidentes de tránsito, la más relacionada con violencia doméstica, la que tiene más costos en salud y en economía para el país. Sin embargo, es tan popular que su potencial dañino es capaz de pasar desapercibido o ser olvidado a la hora de divertirse, de reunirse con amigos, de "ahogar penas", de servirse el trago diario.

El 80% de la población prueba alcohol y entre un 10 y un 20% "quedan pegados" a la bebida, dice Da Silva. En Uruguay, el guarismo se traduce en 230.000 personas con un consumo problemático, de acuerdo a la Cuarta Encuesta Nacional en Hogares sobre Consumo de Drogas. La cifra coloca al alcohol, primero y lejos, como la droga más consumida en el país. Lo secunda, bastante rezagado, el tabaco, con 73.000 "fumadores intensos", de acuerdo al mismo sondeo.

Entre tantas personas que se animan a beber, ¿qué hace que unos "queden pegados" y otros no? Multiplicidad de factores, entre los que entra lo genético, lo social, la historia de vida, y quizá también la voluntad. "Una persona necesita unos diez años para convertirse en adicto", indica el psiquiatra Gabriel Rossi, miembro de la Junta Nacional de Drogas e integrante de la Coordinadora Intersectorial para Políticas de Alcohol (CIPA). Eso implica una década de tomar por simple gusto, hasta que el cuerpo comienza de verdad a necesitarlo.

Por eso es que no hay jóvenes dependientes. En su caso, lo correcto es hablar de "consumo problemático", pero no hay adicción porque en general el organismo no ha tenido tiempo de desarrollarla. Pero la bebida no escatima en daños ni respeta las edades. De acuerdo a recientes investigaciones, el efecto del alcohol en un cerebro adolescente es aún mayor que en uno adulto. "Se plantea que puede haber incidencia en la neuroplasticidad cerebral. Esto quiere decir que las neuronas estarán menos flexibles a nuevos aprendizajes", explica el psiquiatra Rossi. Por tal razón, no hay parámetros "seguros" en menores de 18 años, como sí se establecen para adultos. Se considera que seis unidades de bebida (tres whiskys, por ejemplo) para un hombre, y cuatro para una mujer, por ocasión de bebida, son el límite para un "consumo de riesgo", es decir, un consumo que puede traer problemas en determinado tiempo.

De vuelta con los jóvenes, todos los especialistas coinciden en que, cuanto antes se inicia alguien en la bebida, mayor será su probabilidad de caer en la adicción. Un estudio realizado en Estados Unidos concluyó que el 47% de las personas que comienza a tomar antes de los 14 años desarrolla dependencia en algún momento, contra un 9% de los que empiezan pasados los 21.

Para Rossi, no hay un perfil particular o características psicopatológicas para decir que equis persona tendrá una adicción. Como se dijo, es multifactorial. Sí es la única droga que ha sido relacionada con un gen específico, apunta la toxicóloga Dell`Acqua. Por eso, el hijo de un padre alcohólico tendrá más posibilidades de desarrollar la adicción, aunque no sea criado por él.

Luego están los motivos sociales, más difíciles de detectar. En una encuesta nacional realizada entre estudiantes de liceos públicos y privados en 2005, el 25% reveló haber sufrido una "intoxicación alcohólica" en los 15 días previos al estudio. En 2007, el mismo dato subió a 40%. Un aumento demasiado alto para dos años. ¿Razones? Banalización del consumo, entre otras especulaciones. Nada seguro. "No tengo explicación, como creo que no la tiene nadie", confiesa Milton Romani, secretario general de la Junta Nacional de Drogas. Pero el dato es motivo suficiente para fijar la atención por ese lado.

A ello apunta, entre otras cosas, el proyecto de ley del alcohol que por estos días duerme en el Parlamento. Entre otros ítems, propone restringir la venta a ciertos locales comerciales, prohibiéndola en quioscos, estaciones de servicio, cerca de espectáculos o eventos deportivos. La única recomendación de la Organización Mundial de la Salud que no incorporó el proyecto de ley es la suba de impuestos para encarecer el precio de la bebida.

ENFERMOS. La semana pasada en Argentina se puso en vigencia una norma por la cual las obras sociales y prepagas (las mutualistas) están obligadas a cubrir los tratamientos por alcoholismo. De esta manera, se reconoce esa adicción al fin como una enfermedad.

Y es que, de hecho, no hay sustancia que genere tantos gastos al sistema de salud como el alcohol. No importa cuál sea la bebida (cerveza, vino, destiladas), aunque se necesiten diferentes dosis para llegar al mismo efecto, éste se repite. Un gramo de etanol, o alcohol etílico, suma al organismo 7,1 kilocalorías, un aporte energético que no incluye nutrientes.

La lista de males que es capaz de generar parece interminable. Los expertos enumeran: polineuropatía, arritmia, infarto, arteriosclerosis, hipertensión arterial, anemia, pérdida de masa ósea, amnesia, alteraciones de sueño, trastornos del equilibrio, depresión, ansiedad, demencia, paranoia, psicosis (delirius tremens), cirrosis hepática, hepatitis tóxica, encefalopatía hepática, pancreatitis, colesterol, cáncer de esófago y bucal, y daños en el feto si se toma durante la gestación (ver nota de página 3). Del 50 al 85% de los alcohólicos crónicos tiene deterioro cognitivo, 10% de los cuales se acompaña con síndrome orgánico cerebral.

A su vez, entre los alcohólicos la depresión es el doble que la que se encuentra en la población en general. El riesgo de suicidio se ubica entre 11 y 15% y los alcohólicos protagonizan del 15 al 25% de todos los suicidios concretados, según el psiquiatra Da Silva, quien destaca la paradoja del depresivo tomando un depresor. "En el momento de estar tomado, uno se puede sentir eufórico. Esa es la trampa. En las primeras 2 a 4 horas, según la habilidad del bebedor, el alcohol funciona como un desinhibidor y genera verborragia, alegría, euforia. Pero luego aparece el bajón. La prueba de que el alcohol es un depresor la ves en que, cuando alguien toma mucho se duerme. Y si tomás más todavía, entrás en coma farmacológico por depresión del sistema nervioso".

Por si quedaban dudas, una investigación de la Universidad McGill, en Montreal (Canadá), acaba de confirmarlo: mientras beber poco produce euforia leve, reduce la ansiedad y genera cierta sensación de bienestar, ingerir grandes cantidades de alcohol, al inhibir la producción y liberación de endorfinas, tiene efectos "hipnóticos y sedantes" y estimula la aparición de cuadros de depresión. Christina Gianoulakis, una de las autoras, explicó a la agencia Reuters: "Dado que sólo el consumo de poca cantidad de alcohol aumenta la liberación de endorfinas y produce efectos placenteros, si una persona no siente esos efectos luego de una o dos copas, debería dejar de tomar". Los resultados de este estudio ya están online, y serán publicados en junio en la revista Alcoholism: Clinical and Experimental Research.

Por aquí, Gabriel Rossi, en la primera línea contra el abuso de la bebida, aclara: "No somos puritanos, sabemos que todo el mundo consume. No queremos una `ley seca`. Lo que queremos es ordenar desde el punto de vista preventivo y tratar de minimizar los riesgos".

Por eso, tenga presente el deseo en cada brindis: "¡Salud!"

Verdades que no gusta oír

"El 80% de los alcohólicos están deprimidos. Consumen alcohol como si fuera un antidepresivo, pero es una droga depresora. Entonces tenés a un deprimido tomando un depresor. Es como si alguien a quien le duele la cabeza se pegara un martillazo. Eso no va a terminar nunca". Fredy Da Silva, psiquiatra.

"En los últimos cuatro años se instaló el tema (del consumo de drogas) en la sociedad, y eso es muy bueno. Tenemos que tener cuidado de no lesionar los derechos humanos y ser respetuosos de ellos. Por tanto vamos a fiscalizar, pero respetando derechos y garantías". Milton Romani, Junta Nacional de Drogas.

"Todo el mundo sabe que el tabaco hace mal al feto, pero si comparás las consecuencias de fumar durante el embarazo con las de tomar alcohol, éstas son muchísimo peores. Puede producir malformaciones faciales y es la primera causa de retardo mental en el niño. Y nunca se habla de eso". Cecilia Dell`Acqua, toxicóloga.
Las cifras

230.000 Personas con un consumo problemático de alcohol en Uruguay. Sigue el tabaco, con 73.000 "fumadores intensos".

50% Del 50 al 85% de los alcohólicos crónicos sufre deterioro cognitivo, según el psiquiatra especializado Fredy Da Silva.

11% Entre 11 y 15% se fija el riesgo de suicidio entre los alcohólicos. Protagonizan del 15 al 25% de todos los suicidios concretados.

"Lo de la `cultura alcohólica` es un problema. Se ve como un valor social que alguien tome más que otros sin emborracharse, que `aguante`. Pero desde lo biológico es una mala noticia. Los que tienen esa tolerancia tienen más probabilidades de desarrollar un consumo problemático". Gabriel Rossi, psiquiatra.
Cuarenta mil buscan ayuda

A primera vista, podría confundirse con un grupo de amigos cualquiera: doce hombres de entre 20 y 35 años (sólo uno parece superar los 40) vestidos informalmente, reunidos en un salón. Pero las palabras que minutos más tarde se escucharán entre esas paredes los diferencia en mucho de la mayoría.

"Mi madre me puso un ultimátum: me quedo acá o voy a la calle"; "hablé con mi mujer y por suerte dejó esa idea que tenía de matarse"; "estoy triste porque un compañero está en el Vilardebó y te das cuenta dónde podés terminar, te das cuenta que estás en un infierno"; "mi hermana no me habla porque le vendí la guitarra… y la entiendo"; "me quise internar en el Maciel, pero no pude"; "me encantó estar afuera, pude pasar con mi familia en paz, sin peleas"; "tuve ganas, pero no lo hice"; "caí… consumí".

Todos los días, los pacientes del Centro de Tratamiento de Adicciones Izcali comienzan sus reuniones con la misma oración: "Estamos aquí para aprender a descubrirnos". La gran mayoría están por su dependencia a la pasta base, pero el grupo no discrimina: hay alcohólicos, y hasta hubo ludópatas.

"El tratamiento es el mismo para todos. En ellos, algunas cosas difieren. Por ejemplo, con pasta base son frecuentes los problemas con la familia por vender cosas, han desvalijado casas. Eso no pasa con los alcohólicos", explica el psicólogo Martín Gedanke, operador terapéutico de los grupos de Izcali. Lo cierto es que los temas se repiten: conflictos de familia, pérdidas materiales y afectivas, miedo a recaer.

En 2006, 40.000 personas declararon haber buscado ayuda profesional por adicción a alguna droga, en una encuesta nacional de la JND. La cuarta parte de ellos lo hizo en Alcohólicos Anónimos. No hay que hacer muchas cuentas para entender cuál es el mayor flagelo.

El País – Gabriela Vaz – Uruguay 30 de marzo de 2009 – Leer la nota completa