¿Recuerdan el efecto Mozart? Tal como lo plantearon los medios, el mensaje decía que escuchar a Mozart hacía más inteligentes a los niños. No tenía mucha base científica, pero esta idea indicaba —y un volumen creciente de investigaciones lo ha sugerido desde entonces— que la música, y en concreto la música clásica, es beneficiosa para el organismo. Este campo cuenta aún con pocas evidencias, pero la probabilidad ha abierto un intenso debate entre científicos y otros expertos.

Matthew Gurewitshc (NYT) – 31 de marzo de 2009 – Link a la nota completa

“Escuchar música refinada y asistir a conciertos con regularidad rejuvenece en cuatro años nuestra edad real”,  “Escuchar música refinada y asistir a conciertos con regularidad rejuvenece en cuatro años nuestra edad real”, explicó recientemente el doctor Michael F. Roizen, director de bienestar del Wellness Institute de la Cleveland Clinic. “Tanto si se debe al alivio del estrés o a otras propiedades, hemos observado un descenso en la mortalidad general, reflejando la ralentización del envejecimiento de las arterias, así como los factores relacionados con el cáncer y medioambientales. Asistir a eventos deportivos como el fútbol o el fútbol americano no ofrece ninguno de estos beneficios”.

Que la música llega al núcleo de nuestro ser es un descubrimiento tan antiguo como la conciencia humana. Platón lidió con los poderes de la música en Leyes y otros diálogos, y no fue el primero en hacerlo. En muchas de sus escenas más conmovedoras, Shakespeare dramatizó el efecto relajante de la música sobre los espíritus turbados.
Curanderos de muchos tipos intentan utilizar la música con fines terapéuticos, aunque sólo sea como acompañante de los perfumes y el té verde. ¿Podría la música llegar a tener su puesto como medicina?

Una experta que apuesta por que lo hará es Vera Brandes, directora del programa de investigación sobre música y medicina de la Paracelsus Private Medical University de Salzburgo, Austria. “Soy la primera farmacóloga musical”, afirmó Brandes el pasado otoño en Viena. Está desarrollando medicación en forma de música, dispensada con receta. Para comercializar la línea de productos, ayudó a fundar Sanoson (sanoson.at), una empresa que también diseña sistemas de música personalizados para instalaciones médicas.

“Nos estamos preparando para lanzar nuestras terapias en Alemania y Austria en otoño de 2009”, dijo, “y esperamos lanzarlas en EEUU en 2010”.  “Oír música que calma en un punto ascendente de nuestro ciclo circadiano no nos calmará”
Terapias

Así es como funciona el tratamiento: una vez el médico ha establecido el diagnóstico, el paciente vuelve a casa con un protocolo de escucha y música cargada en un dispositivo parecido a un iPod. El momento específico de aplicación de la terapia resulta crítico.

“Oír música que calma en un punto ascendente de nuestro ciclo circadiano no nos calmará”, explicó Brandes. “Incluso podría molestarnos.” La tecnología —que incluye unos auriculares especiales y un formato especial como protección contra la piratería— la hemos desarrollado nosotros. Se ha rellenado una solicitud de patente en la oficina estadounidense de patentes y marcas.

La música también la hemos preparado nosotros. Para evitar la interferencia de asociaciones personales, la música consiste en su totalidad en material original. “Durante la investigación”, explicó Brandes, “nos dimos cuenta de que cuando la gente escucha música que conoce, su reacción es totalmente diferente”.

Roizen y Brandes coincidieron el pasado agosto en un simposio que llevaba por nombre La música y el cerebro, presentado por la Cleveland Clinic y la orquesta de Cleveland durante la estancia de la orquesta en el festival de Salzburgo.

Roizen, que es uno de los autores (junto con Mehmet C. Oz) de You: The Owner’s Manual y sus numerosas secuelas de gran éxito, hizo grandes aportaciones con su aire de showman en su discurso Los efectos beneficiosos de la música en su salud. Brandes, quien trabajaba en el programa para Mozart & Science 2008, un congreso internacional que se celebró en Viena el pasado noviembre, estuvo presente y descubrió que compartía con Roizen la pasión por cuantificar los efectos sobre la salud que muchos han atribuido a la fe. Los científicos de la naturaleza, muchos de ellos también músicos, han mirado la música con un ojo más analítico. En el utilitario siglo XX, Muzak construyó un imperio (que ahora está tramitando el capítulo 11 de la bancarrota) basado en la premisa de que la música de fondo en el lugar de trabajo podría aumentar la productividad. El doctor Oliver Sacks, el empedernido explorador de regiones desconocidas de la neurología, dedicó su último best-seller, Musicophilia a los efectos inusuales de la música en el cerebro. Tal como sabe cualquiera que posea un iPod, las listas de canciones personales pueden obrar pequeños milagros sobre el humor y el bienestar.
La pregunta es: ¿cómo?

Igual que los antiguos farmacéuticos, que destilaban extractos de las hierbas y plantas que les ofrecía la naturaleza, Brandes y sus socios analizan músicas de todos tipos para descubrir sus ingredientes activos, que a continuación se mezclan y equilibran en compuestos medicinales. Aunque evitan las grandes patologías o las enfermedades infecciosas, afirman que sus métodos cuentan con una amplia aplicación en desequilibrios psicosomáticos, tratamiento del dolor y lo que Brandes llama “enfermedades de la civilización”: la ansiedad, la depresión, el insomnio y ciertos tipos de arritmia.

En un estudio de 2008, Brandes y sus socios investigaron los efectos de la música en pacientes que sufrían hipertensión para la cual no se pueden encontrar causas orgánicas. Según su estudio, al escuchar un programa musical especialmente diseñado durante 30 minutos al día, cinco días a la semana durante cuatro semanas, los pacientes experimentaron mejoras clínicamente significativas en la variabilidad del ritmo cardíaco, un importante indicador de la función nerviosa autónoma.

Tal como lo ve Brandes, en el futuro algunas cosas pueden cambiar mucho, pero hay otras que no deberían hacerlo. “Imaginemos que nos llega un paciente que padece depresión”, dice. “El primer paso siempre es ver al médico. Luego, sin embargo, existirá la posibilidad de escoger entre diversos tratamientos: un psiquiatra, Prozac o música”.