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Según sus creadores el producto posee propiedades que ayudan a tratar afecciones como la hepatitis y la cirrosis

cardo-mariano Ciudad de México – Estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) crearon una bebida de jugo de naranja, adicionada con un extracto vegetal denominado silimarina, que inciden en la regeneración celular del hígado.

El producto posee propiedades antihepatóxicas, antiinflamatorias, antioxidantes, antitumorales y hepatoprotectoras, por lo que es útil para tratar afecciones como la hepatitis, cirrosis y cuando existen daños hepáticos ocasionados por efectos colaterales, indicó el IPN.

En un comunicado, explicó que los creadores de dicha bebida son Macedonio Martínez Ortiz, Mario Meza Segura, Mariana Riva Villo, Claudia Ivette Tapia Rivera, Cynthia Sharon Jiménez Gómez y Laura Bernal Carbajal, estudiantes de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) .

Los alumnos detallaron que la silimarina se obtiene del denominado ‘cardo mariano’, que es una planta con muchas espinas, las cuales se deben retirar del vegetal; posteriormente se separan los pétalos de la flor y las semillas, mismas que se maceran durante una semana.

Martínez Ortiz resaltó que el desarrollo de esta bebida contribuirá al cuidado de la salud de personas con afecciones hepáticas, toda vez que en México existe un alto índice de padecimientos de ese tipo.

De acuerdo con cifras oficiales, refirió, anualmente se registran alrededor de 30 mil muertes por daños hepático, de las cuales 18 mil corresponden a personas con padecimientos derivados del alcoholismo.

El estudiante de ingeniería bioquímica sostuvo que si bien el sabor de la silimarina es desagradable al paladar, luego diversas pruebas decidieron combinarla con jugo de naranja, fruto que ayudan a disimulan el sabor del compuesto y lo hace agradable.

Subrayó que la bebida compuesta con la asesoría del científico de esa casa de estudios, José Ortiz Gama, ‘no es una cura milagrosa y quizá no tiene un efecto terapéutico en personas con daños severos, pero sí es un auxiliar para tratar afecciones iniciales y moderadas de tipo hepático.

vsg – El Universal – diciembre 2009 – nota completa

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El Dr. Martin Welsh es graduado de la UCLA Medical School y vive actualmente en California. Tiene 55 años de edad y ya se ha retirado de la práctica de la medicina. Esto se debe a que sufre de esclerosis lateral amiotrófica (ALS o enfermedad de Lou Gehrig), una enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular. Dicho en sus propias palabras “una cruel enfermedad neurológica en la cual un intelecto que funciona normalmente queda atrapado en un cuerpo cada vez más débil, que eventualmente estará completamente paralizado”.

De médico, ha pasado a ser paciente. Y relata su experiencia en relación con este hecho en un buen artículo llamado “100 things, leading to a single choice” (100 cosas que llevan a una simple elección), publicado por el periódico LA Times:

“A lo largo de mi carrera, he intentado honrar los deseos de mis pacientes al final de sus vidas. Pero luego de un cuarto de siglo de haber visto a la muerte en primera fila, he desarrollado mi propia perspectiva…”

“Dicho esto, llegaré a un límite. Le he dejado muy claro a mi esposa, a mi familia y a mis médicos que no quiero ningún tratamiento que prolongue mi sufrimiento y aumente la carga que los otros llevan. No quiero una sonda de alimentación ni una traqueotomía cuando llegue el momento en que ya no pueden comer, beber o respirar por mí mismo.”

“Los médicos y las familias sienten a veces la obligación de hacer todo lo que se puede hacer para mantener a alguien con vida. Creo que esto se basa en la misma medida, en un miedo a la muerte y en la creciente capacidad de la medicina occidental de prolongar la vida cerca de su fin.”

“… La vida ha sido realmente maravillosa, a pesar de que poco a poco he perdido el uso de mi mano, y luego de un brazo, y luego de las dos piernas, así como mi capacidad de hablar.”

“Pero por más de que me centrara en todo lo que todavía soy capaz de hacer, se ha vuelto más difícil ignorar las cosas que estoy perdiendo. Hoy, mis guitarras descansan inactivas. No he utilizado mi estetoscopio en años. Mis zapatos de correr juntan polvo en un armario al tiempo que veo mi panza crecer por falta de ejercicio.”

“Hoy, me encuentro frente a la clase de cuestiones de “calidad de vida” que innumerables veces he discutido con mis pacientes. Las respuestas cambian de persona a persona. Pero la cuestión fundamental es siempre la siguiente: ¿En qué punto no vale la pena el coste emocional y físico de mantener la calidad de vida?”

“…A menudo pienso acerca de lo que yo llamo “las 100 cosas”".

Así es como funciona. Imagine una lista de 100 cosas que usted hace la mayoría de los días. Algunas son de rutina, algunas son “tareas domésticas”, algunas producen placer. Levantarse de la cama y caminar hasta el baño. Besar a su esposa. Contestar el teléfono. Conducir su auto al trabajo. Ir jugar al golf con sus amigos. Cepillarse los dientes. Escribir una carta, lamer y cerrar el sobre y poner un sello en él. Abrazar a su hijo […] Ahora bien, si le quitan una, aún puede hacer 99. ¿Vale la pena vivir la vida sin ser capaz de oler la rosa en el jardín? ¡Por supuesto que si! ¿Qué si se pierden dos o siete, o veintitres ¿es todavía una vida que vale la pena vivir? Por supuesto.

“Pero supongamos que llega el momento en el cual ha perdido, digamos, 90 cosas y ahora con cada cosa que pierde, una cosa mala se añade. Ya no puede caminar bien y empezar a caerse y le duele. Ya no tiene buen agarre y también sufre la ignominia de orinarse en los pantalones a causa de los espasmos de la vejiga. No se puede mover en la cama y eso significa que usted tendrá llagas a menos que alguien lo mueva a usted con frecuencia. La vida todavía vale la pena ser vivida, pero usted se está cansando.”

“En cierto aspecto, no importa quién sea o qué tan fuerte sea, usted puede perder suficientes cosas de las que le importan -y adquirir suficientes de las negativas- como para que las cargas sobrepasen las alegrías que tare el estar vivo. Esta es la etapa en la cual, como médico, tranquilizaba a mis pacientes y a sus familias y les aseguraba que habían luchado una buena batalla y que ahora estaba bien pasar a la siguiente fase.”

“Sé que algún día llegaré a ese punto. Y por eso me preocupo por los tubos de alimentación y los respiradores. Mi experiencia me dice que estas cosas son comenzadas muchas veces casi automáticamente y, una vez que se inician, son casi imposibles de detener. He visto demasiadas personas desafortunadas ser mantenidas con vida durante años en hospitales o en residencias de ancianos, más allá de toda la calidad de vida.”

“En resumen, puedo estar dispuesto a morir antes de que mi familia y mis amigos estén listos para decir adiós. Pero ellos saben que, al tiempo que enfrento la cada vez más pequeña lista de las 100 cosas que hacen que vivir la vida valga la pena, la elección de la calidad sobre la cantidad, es una elección que de mi depende.”

Aquí, la nota completa en inglés. Y aquí una guía para pacientes y familiares de pacientes con ALS (también en inglés) – Link Nota

Marta Matute – Madrid – William Hurt es The Doctor, un médico calculador y arrogante que ejerce la excelencia profesional desde el pedestal de la autocomplacencia… hasta que un cáncer le convierte en enfermo y como dice el viejo aforismo se ve obligado a tomar su propia medicina.

La película de Randa Haines (1991) es lectura obligada en los cursos de comunicación que la Sociedad Española de Medicina de Familia imparte en España "porque no hay nada como descubrir las fallas de cualquier organización hospitalaria para comprender cómo se siente el ser humano cuando está enfermo", señala el doctor Carlos Almendro, responsable de estas sesiones informativas.

La medicina española goza de buena salud. Pero a pesar de su excelencia tecnológica no logra desembarazarse de su conocido talón de Aquiles: la masificación, que condiciona todo el modelo asistencial y lo deshumaniza. Aunque "la altanería es más un problema de actitud que de tiempo", opina el doctor Luis Carlos Martínez, responsable del servicio de atención al paciente del hospital Ramón y Cajal. "Practicar la medicina afectiva, la projimidad, como decía Laín Entralgo, depende de la calidad humana", señala el doctor Jerónimo Fernández Torrente, vicesecretario general de la Organización Médico Colegial.

El ejercicio de la medicina comienza en el mismo instante en que el facultativo da la mano al paciente. Después descubrirá sus habilidades como galeno si además de ser un buen clínico sabe escuchar a la persona que tiene delante, entender lo que el enfermo (realmente) le está demandando, se gana su confianza y le implica en su proceso de curación. "El médico no es sólo un técnico. El trato está en la esencia misma del ejercicio profesional", asegura el doctor Nicolás García, director médico de la Clínica Universitaria de Navarra.

Y además es un derecho del paciente, no una prebenda del hospital. "La atención personalizada es una obligación moral de la profesión médica, forma parte de los códigos deontológicos y no hacerlo así constituye una atención inadecuada", recuerda Albert Jovell, presidente del Foro Español de Pacientes.

"No es razonable que la profesión siga sin dar importancia a esta cuestión, sin entender que nos desprestigia; y lo que es más importante, sin aceptar que la cercanía tiene siempre una función terapéutica", señala el doctor Martínez. Y recuerda que muchos problemas judiciales comienzan precisamente por la falta de comunicación. "El médico no habla, la familia no se atreve a preguntar, surge la sospecha y se pone la demanda, aunque luego no prospere".

Varias comunidades, entre ellas Madrid, Aragón y Andalucía, han legislado, con más o menos restricciones y dificultades, la elección de médico y hospital. Estos proyectos, que cuentan con la resistencia de los sindicatos, son aplaudidos, sin embargo, por profesionales y pacientes. Se trata de pasos decisivos en la atención personalizada. "No hay nada más estimulante para un profesional que ser elegido. El área única permitirá a los médicos sentir la confianza de sus enfermos. De una vez por todas debemos aceptar que los centros pertenecen a los pacientes y no al revés" recuerda la viceconsejera de salud de Madrid, Ana Sánchez.

Médico tutor

Cuando el enfermo entra por la puerta de la Clínica Universitaria de Navarra se le asigna un médico tutor. Este facultativo será su interlocutor durante todo el proceso hospitalario. Ésta no es una prebenda de la sanidad privada, es un derecho de los pacientes que debe ser exigido en el SNS.

Carta de derechos (España)

Información

Los derechos del enfermo están regulados en la Ley de Paciente (41/2002). Y van mucho más allá del simple consentimiento informado. Recuerde que la información referida a su salud le pertenece. Y el médico está obligado a facilitarla de forma clara y legible. Después usted decidirá con quien quiere compartirla. Cuanto más sepa, mejor podrá diseñar la estrategia para luchar contra su dolencia.

Diario de salud

Sin información es imposible sortear la enfermedad. Por eso, conviene preparar las visitas médicas. Acuda a la consulta con todas las dudas escritas, no deje de preguntar cualquier cosa que le preocupe y apunte las indicaciones del facultativo. La Universidad de los Pacientes ofrece en su web un kit de visita médica (Nos mueve tu salud) y útiles recomendaciones en su aula Esteve de Comunicación.

Segunda opinión

La segunda opinión médica, tan habitual en los países anglosajones, es en España un derecho regulado por las autonomías. Pero una cosa es la ley y otra la realidad. Y ésta se da de bruces con la masificación del sistema. En ningún territorio es fácil acceder a esta consulta, entre otras cosas, porque el SNS tiene lista de espera y porque aún no dispone de la historia clínica electrónica compartida.

Reclamaciones

Para realizar una reclamación, por negligencia médica o por mala actuación del personal sanitario, acuda a la inspección médica del hospital o la institución autonómica del Defensor del Paciente. Cuando el error es grave, los expertos recomiendan acudir a la vía judicial. La Universidad de los Pacientes en su Aula Esteve de Comunicación ofrece varios documentos para guiarse por el laberinto administrativo.

Ciberespacio médico

Por la red circulan noticias de todo tipo y quien no tiene conocimientos médicos puede sentirse desbordado. Los facultativos recomiendan acudir a las web de las sociedades científicas o de centros como el M. D. Anderson (www.mdanderson.org), el Memorial Sloan-Kettering (www.mskcc.org), el Fred Hutchinson (www.fhcrc.org), el Institut Gustave Roussy (www.igr.fr) o el Karolinska (www.cck.ki.se).

Cómo dar una mala noticia

En algunos hospitales españoles la noticia del fallecimiento de un familiar se da todavía en los pasillos, cuando éstos están abarrotados de enfermos, y de familiares de enfermos, y de médicos y enfermeras que entran y salen de las habitaciones… Y nadie parece darse cuenta de cuán lejos está esta práctica del juramento hipocrático.

Comunicar una mala noticia es una prueba de fuego para cualquier facultativo, y son pocos "los que tienen el coraje de compartir el dolor con su paciente", reconoce Carlos Almendro, médico de familia y responsable del área de comunicación de la sociedad científica que agrupa a este colectivo. "Cuando el diagnóstico no es bueno, el médico tiene la obligación de crear un clima de confianza, cordialidad y cercanía para facilitar que el enfermo reciba la noticia con entereza y cierta esperanza", insiste Almendro.

"¿Toda la verdad? No, sólo la verdad soportable, el paciente siempre indica con un gesto o una palabra hasta dónde quiere llegar", asegura Nicolás García, director médico de la Clínica Universitaria de Navarra. "Y, desde luego, conviene comunicar un mal pronóstico cuando el enfermo va acompañado de un familiar", aconseja.

Después surgen las dudas, el cambio de estilo de vida y el miedo "y el médico debe estar allí, más que nunca", insisten en la Clínica de Navarra. En este centro, todos los facultativos están a disposición telefónica de sus pacientes para resolver sus dudas.

Cinco Días – 16 julio 2009 – Nota completa

Los diputados japoneses votaron el jueves una enmienda que autoriza la donación de órganos para niños, prohibida en el archipiélago a pesar de las solicitudes de numerosas familias.

Este texto todavía debe ser examinado por los senadores. Pero como los diputados tienen la última palabra cuando hay un conflicto entre las dos cámaras del Parlamento, es muy probable que sea promulgado.

La legislación nipona actual prohíbe la donación de órganos para menores de 15 años, lo que impide que muchos niños reciban el transplante que necesitan.

Ecodiario – Junio 2009 – Nota completa

1. Autonomía y confianza
2. Conceptos básicos
3. Responsabilidad moral en medicina
4. Características de la relación Medico-Paciente
5. Modelos de relación Medico- Paciente
6. ¿Cuál es el papel del familiar en esta relación médico-paciente?

Por Juan Manuel Carrera – Estudiante de Medicina de la Universidad Buenos Aires. Monografías – Leer la nota completa

Entre los aspectos que se pueden analizar para estudiar la evolución de la relación médico-paciente en cuanto a la autonomía de éste último, señalaremos los siguientes: La constitución de la Medicina como ciencia. La medicina en el pasado ofrecía una mayor posibilidad de elección a los enfermos, por la coexistencia de diversos sistemas o teorías médicas que fueron perdiendo vigencia a favor de un único modelo: la Medicina oficial. Al constituirse la medicina científica, más centrada en la enfermedad y en los medios diagnósticos y terapéuticos, que en el mismo paciente, y expresada en un lenguaje científico. Se incrementó la distancia del paciente y de sus familias respecto del médico. El paciente, cada vez sabía menos y confiaba menos en sí mismo, mientras que el médico, por el contrario, cada vez contaba con más datos, con mejores medios diagnósticos y terapéuticos, por lo que incrementaba su capacidad de decisión.

Paradójicamente, el desarrollo científico, como afirmaba Peabody, empeoró la relación médico-paciente en un momento en que la medicina mejoró sensiblemente. Desde este punto de vista, a lo largo del siglo XX, los enfermos tuvieron menos autonomía que cien años atrás. El desarrollo de las especialidades y los cambios en la organización asistencial producidos a lo largo del s. XX. La medicina hospitalaria, la consolidación de los seguros de enfermedad y de los procesos de colectivización, como la Seguridad Social, todos ellos han modificado el modelo de la profesión médica y han favorecido la aparición de conflictos de interés derivados del hecho de tener que responder, sobre una misma actuación, ante distintos sujetos -el pagador o contratante y el paciente- con intereses diferentes.

La consideración de cuál ha sido la evolución de la práctica médica con relación a la información médica, condición imprescindible para que el enfermo pueda consentir a una actuación clínica. Es éste un aspecto en el que el parecer, por parte de los profesionales, no ha sido unánime, y que nos ofrece una interesante evolución a través del tiempo. A lo que hay que unir los cambios de una sociedad

basada en el respeto a los derechos humanos y cada vez más intervencionista. Estamos en un tiempo de desarrollo de las responsabilidades sociales, tanto por parte de los médicos, como de los pacientes y sus familias. El derecho a la información epidemiológica, la no tolerancia de la irresponsabilidad ante la propia salud -tabaquismo, obesidad, etc. y el desarrollo de la medicina preventiva, son ejemplos de ello.

Un aspecto ineludible en el actual debate sobre la autonomía del paciente es la cuestión económica, ya que el racionamiento en las prestaciones sanitarias condiciona la posibilidad de elección del paciente.

Autonomía y confianza

Con independencia de las cuestiones antes enunciadas, el hecho de contar con el enfermo en la asistencia médica no es nuevo: en la relación médico-paciente, el respeto mutuo es esencial. Ni el paciente, ni la familia pueden imponer un criterio de actuación que no sea profesional o que vaya en contra del parecer de un profesional.

Con relación al respeto al paciente, ya en 1952, Laín Entralgo manifestaba: "El médico de hoy ha llegado a plantearse con relativa lucidez intelectual la antinomia que entrañan sus dos actos principales, el terapéutico y el diagnóstico, en cuanto referidos a un ser –el hombre enfermo- que es a la vez naturaleza sensible y persona, principio de operaciones materiales y supuesto racional, paciente de acciones necesarias y autor de acciones libres". Es decir, "el tratamiento de una enfermedad puede ser enteramente impersonal; el cuidado de un paciente debe ser completamente personal".

El cuidar al paciente como misión, ¿es una actuación paternalista? Parece más bien una de las manifestaciones propias de la actividad clínica en la que "no es posible tratar de forma abstracta sino concreta e individual".

La significación de la interrelación entre el médico y el paciente ha de ser fuertemente acentuada; ya que, en gran medida, el diagnóstico y el tratamiento dependen directamente de ella y el fallo del médico en establecer esta relación conlleva una gran pérdida de efectividad en el cuidado de los pacientes.

Son muchas las cuestiones que quedan abiertas. Es tiempo de intentar responder a los interrogantes que antes enunciamos. Es momento para reconsiderar la autonomía del enfermo, algo que no es nuevo en la práctica médica y que afecta directamente a los profesionales y a los enfermos, ya que está intrínsecamente unido a la relación médico-paciente.

Conceptos básicos:

Por relación médico-enfermo se entiende aquella interacción que se establece entre el médico y el paciente con el fin de devolverle a éste la salud, aliviar su padecimiento y prevenir la enfermedad. Para que el médico pueda aplicar sus conocimientos teóricos y técnicos al diagnóstico y tratamiento, necesita establecer este diálogo con el enfermo del que depende en gran parte el éxito terapéutico.

La relación médico-paciente, sigue siendo, por encima de los avances tecnológicos, tan importante para la práctica médica y tan imprescindible en la formación integral del médico, como siempre; o un poco más si cabe, dado el deterioro a que viene estando sometida dicha relación, tanto por la utilización hipertrófica de las medidas técnicas, como por la masificación asociada con las tendencias socializadoras y preventivas, que la Medicina ha experimentado en los últimos años.

Responsabilidad moral en medicina:

La Moral es un valor por antonomasia y abarca de un modo integral la actividad humana. Ninguna otra disciplina puede jerarquizar tanto los valores humanos como la Moral. Toda ciencia es autónoma pero, al mismo tiempo, toda ciencia como actividad humana, es decir, realizada por y para el hombre en una dimensión histórica existencial, no puede escapar a los límites que impone la Moral. Y esto es así porque el objetivo de la Moral es el hombre, y éste, como sujeto de finalidad inmanente y trascendente, es un valor supremo, superior a cualquier valor que pueda proporcionar la ciencia o la técnica. Hay quienes sostienen que la Medicina, como ciencia, podría encontrarse al margen de lo propiamente ético, moral y/o religioso. Pero estar al margen no significa estar en contra o ser contrario. El científico debe respetar las leyes y los deberes morales, tiene que poseer una orientación moral. Cuando hablamos de orientación moral en la Medicina no nos referimos específicamente a la ciencia médica como tal sino a sus representantes y cultores, y por ello sostenemos que la persona del médico y toda su actividad científica se mueve en el campo de la Moral. No es lógico hablar de oposición entre Medicina y Moral; esta última no entraña peligros ni obstáculos para el interés de la ciencia.

La Moral en Medicina no se refiere a los límites de las posibilidades y conocimientos teóricos y prácticos sino a los límites de los deberes y derechos del científico como persona; se refiere a la forma en que se alcanzan y se utilizan estos conocimientos.

El médico debe aprender que los dramas morales son tan reales como los fenómenos físicos y su importancia es mucho mayor. La autoridad moral del médico constituye la clave del éxito terapéutico. La técnica sola nunca podrá penetrar hasta la profunda raíz de ese ser misterioso llamado hombre, que tiene necesidades que ni la técnica ni la ciencia pueden satisfacer.

La ley moral nos enseña que la salud es la justa jerarquía de la persona y el hombre, como persona, posee un proyecto existencial con un destino eterno junto a una conciencia creadora que no está referida únicamente al mundo biológico sino también al mundo moral que él mismo puede entrever en las experiencias de su vida. Por desgracia observamos con demasiada frecuencia a médicos que viven atrapados en una sola dimensión en la que prevalece lo material, haciendo culto de la dinerolatría, transformándose en comerciantes de la salud, verdaderos opresores de los enfermos

Características de la relación Medico-Paciente:

  La atención médica es una forma específica de asistencia, de ayuda técnica interhumana. Su especificidad le viene dada tanto por las especiales características del "objeto" a reparar que es un sujeto, un ser humano, como por algunas de las características de la técnica de reparación en la que participa como instrumento la misma personalidad de otro ser humano. En ambos casos, lo que hay que "arreglar" y el que "arregla", son personas humanas y la relación interhumana forma parte de la misma técnica. Con palabras de Kollar: "se espera que el médico se ocupe no sólo del organismo enfermo, sino, así mismo, del estado del organismo entero, del hombre en su totalidad, porque se encuentra de hecho frente a una persona no ante un órgano aislado, ni ante una psique abstracta".

  Como toda relación interhumana implica, en último término, actitudes de solidaridad con un prójimo actitudes de projimidad, como señalan Barcia y Nieto que necesita ayuda, pero una ayuda y una solidaridad especialmente trascendentes, puesto que la enfermedad supone una necesidad, un sufrimiento, que implica al propio cuerpo, a la intimidad de la propia persona. De aquí que el instrumento más adecuado para la relación, sea la comunicación verbal y no verbal y el vínculo más apropiado la empatía o capacidad de ponerse en el lugar del otro, de sintonizar con sus vivencias.

Como toda relación interpersonal de ayuda tiene características, motivacionales y actitudinales, de dependencia y necesidad, de altruismo y ayuda desinteresada, de confianza, análogas a las de otras relaciones naturales de asistencia, desiguales y asimétricas: padres-hijos, maestros-alumnos. Por ello tiende a configurarse según dichos modelos relacionales que favorecen las actitudes espontáneas de confianza y de altruismo en la relación y suponen, también técnicamente, el mejor vehículo para las medidas más técnicas.

Como toda relación de asistencia técnica tiene la formalidad de un contrato por el que el experto, el técnico, ofrece unos servicios o prestaciones al usuario de un bien como la salud que, al no ser sólo como todos un bien individual y privado, sino también social y público adquiere el carácter de hecho social. Desde este punto de vista la relación médico-enfermo "socialmente institucionalizada", estaría delimitada por las expectativas que la sociedad tiene de los roles, de los papeles, de médico y enfermo. De uno y otro se esperan una serie de comportamientos, de derechos y deberes, por los que ambos técnico y usuario se comprometen a administrar, cuidar y restaurar en su caso, el bien de la salud.

  Pero también el contrato, por la especial naturaleza del bien que se halla en juego, conlleva, además de las actitudes altruistas y de confianza ya dichas, y sin las que el contrato quedaría sin operatividad, la aceptación, más o menos implícita, de las limitaciones de la técnica y del riesgo y del fracaso, en su caso, del servicio prestado. Esto es así debido a la imposibilidad de controlar todas las variables de los procesos naturales y, por lo tanto, a la condición de sólo medios y no de resultados, de los cuidados médicos

Necio sería olvidar que una buena relación médico – paciente evita la mayoría de los cuestionamientos del enfermo a las terapias por recibir o recibidas. El paciente (incluso el menos letrado) exige saber.

A veces pide informes parciales, a veces solicita detalles y numerosas aclaraciones a sus dudas. Muchos de sus miedos demandan de nuestra comprensión y apoyo. No basta con que le digamos lo que tiene y lo que haremos (o hemos decidido hacer) sino que espera nuestra comprensión. En algunos casos le interesa nuestra "complicidad" o nuestra prudencia en el informe a sus familiares. A veces son éstos los que solicitan nuestro silencio. Cada enfermo es un individuo, una persona no comparable a otra, cada cual requiere una atención personalizada de su enfermedad y siempre demanda que ella sea integral.

Lo físico le importa, pero también las posibles consecuencias de nuestro accionar u omisión. Su presente y su futuro se hacen visibles en cada consulta médica. Su mente rechaza o acepta el mal que lo aqueja, no reacciona como quiere, sino que lo hace como puede y no siempre colaborando con las necesidades de su búsqueda de ayuda en su relación con nosotros.

Muchas veces escapa consciente o no en un estado de inseguridad e indefensión simulando una convicción que lejos está de sentir.

Sus pedidos de ayuda pueden ser enmascarados bajo una actitud de dudosa expectativa, pueden cuestionar lo incuestionable. Siempre existe una pregunta latente: ¿porqué a mí? En nosotros están para él todas las respuestas, nos exige convicción y claridad en ellas.

Habiendo pasado la época del "paternalismo" y dominio médico nos encontramos en la etapa de todos los ¿porqué?. La falta de respuestas adecuadas nos acerca a la demanda oral y/o legal que tratamos de evitar.

Un paciente que ha demandado una vez nunca más confía en ningún médico y se halla expuesto al abandono, la angustia y su futuro es realmente dramático. Se rige por el "nunca más" o el "nada más" y su desilusión hacia la vida misma lo lleva a actitudes que todos los días lo deterioran un poco más.

Modelos de relación Medico- Paciente:

Algunos autores, atendiendo a los diferentes factores que intervienen en la relación, han analizado las distintas formas que puede adoptar la relación médico-enfermo. Entre ellas destacan los modelos, ya clásicos, de Szasz y Hollender, Von Gebsattell, y Tatossian. Dichos autores analizan las diferentes actitudes e interacciones entre médico y paciente según el tipo de enfermedad de que se trate aguda o crónica, la mayor o menor capacidad de participación y colaboración del enfermo, el momento del acto médico en que se esté anamnésico, diagnóstico, terapéutico, etc. Aunque como construcción teórica, y por lo tanto artificial, cada modelo enfatiza un factor como determinante de la dinámica de la relación, en la práctica constituyen diferentes puntos de vista de la misma realidad, que se complementan y pueden ayudar a entender mejor las distintas etapas de este encuentro.

TIPOS DE RELACIÓN MEDICO-PACIENTE SEGÚN EL GRADO DE PARTICIPACIÓN:

Szasz y Hollender, teniendo en cuenta el grado de actividad y participación de médico y paciente en la interacción, describen tres niveles o modalidades de relación médico-paciente.

El nivel 1, o de "actividad del médico y pasividad del enfermo", es el tipo de relación que se produce en situaciones en que el paciente es incapaz de valerse por si mismo: situaciones de urgencia médica o quirúrgica, pacientes con pérdida o alteración de conciencia, estados de agitación o delirio agudo, etc. En estos casos, el médico asume el protagonismo y toda la responsabilidad del tratamiento. El prototipo de este nivel de relación sería el que se establece entre una madre y su recién nacido: relación madre-lactante.

El nivel 2 o de "dirección del médico y cooperación del enfermo", es el tipo de relación que tiende a darse en las enfermedades agudas, infecciosas, traumáticas, etc., en las que el paciente es capaz de cooperar y contribuir en el propio tratamiento. El médico dirige, como experto, la intervención adopta una actitud directiva, y el paciente colabora contestando a sus preguntas, dando su opinión, y realizando lo que se le pide. El prototipo de relación de nivel 2 sería el que se establece entre un progenitor y su hijo no adulto: relación padre-niño.

El nivel 3 o de "participación mutua y recíproca del médico y del paciente", es la forma de relación más adecuada en las enfermedades crónicas, en las rehabilitaciones postoperatorias o postraumáticas, en las readaptaciones físicas o psíquicas, y en general en todas las situaciones, muy frecuentes en el mundo médico actual, en que el paciente puede asumir una participación activa, e incluso la iniciativa, en el tratamiento: Así en pacientes diabéticos, enfermedades cardiacas, enfermedades de la vejez, etc., el médico valora las necesidades, instruye y supervisa al paciente, que, a su vez, lleva a cabo el tratamiento por si mismo, según lo programado, y con la posibilidad de sugerir otras alternativas o decidir la necesidad y prioricidad de una nueva consulta. El prototipo de relación que establecen es el de una cooperación entre personas adultas: relación adulto-adulto.

Como parece lógico, no es que haya un nivel de relación mejor que otro, pero sí uno más adecuado para un determinado padecimiento o una situación clínica dada. Frecuentemente médico y paciente tendrán que modificar su actitud a lo largo de una misma enfermedad y adoptar uno u otro tipo de relación de acuerdo con lo que permitan o requieran las circunstancias.

TIPOS DE RELACIÓN MEDICO-PACIENTE SEGÚN EL GRADO DE PERSONALIZACIÓN:

Von Gebsattel describe las fases por las que pasa la relación médico-enfermo según el distinto grado de relación interpersonal que adquiere la misma durante el acto médico. Así en una primera fase de llamada, el paciente acude al médico solicitando remedio para sus dolencias y el médico responde acudiendo a satisfacer las necesidades del enfermo. La relación entre un hombre experto y un hombre que sufre es todavía, desde el punto de vista interpersonal, anónima. En una segunda fase de objetivación, el interés del médico se centra en el examen "científico" del proceso patológico, por lo que las relaciones personales pasan a un segundo plano, relacionándose con el paciente más como "un objeto de estudio" que como una persona.

Finalmente, en la fase denominada de personalización, realizado ya el diagnóstico y establecido el plan terapéutico, es cuando el médico se relaciona, por fin, no sólo con un hombre que sufre o un "caso", sino con una persona enferma determinada, que es ya "su" enfermo.

TIPOS DE RELACIÓN MEDICO-PACIENTE SEGÚN EL OBJETIVO DE LA RELACIÓN:

Otra forma de entender la relación médico-paciente, propuesta por Tatossian, distingue dos tipos de relación según que la interacción entre el médico y el enfermo sea directamente interpersonal o se halle mediatizada por el órgano enfermo.

En el modelo interpersonal de relación, la enfermedad es considerada como un todo el trastorno forma parte del paciente y se produce una implicación personal en la relación, ya que ésta se establece directamente entre dos personas entendidas en su globalidad afectivo-intelectual. El médico no sólo ve el órgano enfermo, sino la totalidad del paciente, lo somático y lo psíquico. La actitud del terapeuta resuena sobre la del paciente, de modo que "se pasa de la medicina de una persona a la medicina de dos personas". Es la relación que se utiliza en psiquiatría y más aún en psicoterapia.

En el modelo técnico de servicio de la relación, la atención se centra en el órgano "que no marcha bien" y el paciente adquiere connotaciones de cliente que solicita la reparación del mismo. Se trata de una relación más pragmática, operativa y funcional, dirigida a la obtención de información sobre la alteración del órgano y el tipo de restauración que se pretende. Es el modelo de relación que caracteriza la práctica médica general y las especialidades médicas, y que, si se exagera, corre el peligro de ignorar la personalidad o incluso parcelar el cuerpo físico del paciente, tratando al órgano enfermo, como si de un auténtico objeto se tratara.

Sin duda que ambos modelos se complementan, aunque el objetivo principal de la relación puede variar, según el momento de que se trate. El médico debe prestar atención a los síntomas y a los exámenes de laboratorio, pero sin desatender la relación con el paciente, que es la que le va a proporcionar la comprensión tanto de los síntomas y de su elaboración psicológica como del paciente en su totalidad.

¿Cuál es el papel del familiar en esta relación médico-paciente?:
     Pareciera que el único responsable del abordaje del paciente es el médico, pero realmente no lo es… El familiar del niño enfermo juega un papel fundamental, a fin de cuentas es el que mejor conoce al enfermo. Cuenta con suficiente información de vital importancia que si por estrés o enojo o por ser muy exigente no la ofrece al médico, lo cual irá en deterioro del diagnóstico de sospecha que se trata de establecer. Por otra parte, es también obligación del familiar el preguntar la condición de su paciente, pedir de una forma cortés la explicación de términos médicos que no entendió o simplemente pedir que le repitan la información que no entendió. No hay justificación de quedarse con dudas sobre diagnósticos o tratamientos.
     Por otra parte, deberán ser pacientes, confiar en el o los médicos que están atendiendo a su niño enfermo, y considerar siempre que si aún no se le ha ofrecido el abordaje inicial seguramente siempre será porque desgraciadamente existe algún otro paciente que corre peligro su vida y requiere de una atención más inmediata.

Recomendaciones a los familiares para tener una buena relación médico-paciente.
     1) Ofrezca a su médico la mayor cantidad de información disponible sobre la enfermedad que se sospecha durante su interrogatorio.
     2) Dele la oportunidad a su médico de establecer un diagnóstico y tratamiento para determinar posteriormente una buena evolución, téngale confianza.
     3) Pida siempre que un mismo médico le dé la información a una hora determinada en caso de hospitalización.
     4) Nunca busque información de muchas fuentes, ya que encontrará contradicciones, lo que generará incertidumbre.
     5) Nunca se quede con ninguna duda sobre el problema que están tratando de resolver los médicos.
     6) Si existe mala evolución o no ve mejoría de su paciente hágaselo saber al médico tratante y, de ser necesario, expóngale su interés de solicitar alguna otra opinión médica.
     7) Siempre deberá existir un familiar responsable, quien será el único encargado de otorgar y recibir información de la condición del paciente y éste, a su vez, será el que informará al resto de la familia, de esta forma se evitarán malos entendidos.
     8) Recuerde que el trabajo del médico es ayudarle, ayúdelo, para el beneficio de su paciente.

Juan Manuel Carrera – Estudiante de Medicina de la Universidad Buenos Aires. Monografías – Leer la nota completa

Los pacientes recurrentes copan tres de cada diez consultas en Atención Primaria. Adictos al médico

Parece que tienen en la consulta de Atención Primaria su segunda vivienda. Visitan al médico de cabecera con la asiduidad que se confiesan los beatos y, en ocasiones, tienen más relación con el doctor que con miembros de su propia familia. Lo habitual es que presenten variados síntomas psicosomáticos y, muchas veces, las pruebas y el diagnóstico facultativo determinan que no sufren patología física alguna. Pero estos pacientes están preocupados, asustados y sufren como si tuvieran un trastorno orgánico. Son los adictos al médico, los pacientes hiperfrecuentadores en terminología profesional. Se denomina así a aquellos que utilizan los recursos sanitarios de un modo excesivo y que acuden de manera arbitraria al médico de familia 12 o más veces al año.

Los pacientes recurrentes consumen nueve veces más recursos sanitarios que el resto y ocasionan un 10% del gasto sanitario. Su apego desmedido a la consulta supone para las arcas del Estado un 0,9% del PIB, indicó Javier García Campayo, psiquiatra del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, unos costes que se podrían reducir a la mitad con una adecuada formación de los facultativos. Muchos de estos pacientes acuden convencidos de que tienen enfermedades físicas, pero las pruebas suelen ser negativas.

Les resulta difícil admitir que no tienen ninguna enfermedad, que lo que les ocurre es que han amplificado «su señales somáticas habituales», dice José Ángel Arbesú, coordinador de salud mental de SEMERGEN. «Ante cualquier pequeño estímulo acuden a consulta, y lo peor que les puede pasar es encontrarse con un médico poco receptivo. Hay que escucharles y explorarles, buscar causas estresantes y nunca decirles que no tienen nada».
El perfil del paciente con adicción es el de una mujer, casada, mayor de 50 años y con un nivel de estudios bajo. La mayor parte refieren multitud de síntomas en diferentes órganos y a veces los exageran para demostrar la veracidad de los mismos. Su coletilla habitual es «algo tengo que tener», cuando son síntomas vagos y mal definidos. Solicitan pruebas y exploraciones por un síntoma banal que siempre atribuyen a una enfermedad grave. El inicio es súbito y está relacionado con acontecimientos emocionalmente traumáticos. Suele ser transitorio y de remisión espontánea.

R. HERRERO – La Rioja – 26 de febrerode 2009 –Leer la nota completa

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