Adicciones


Ilustración de Mónica Lalanda.

Ilustración de Mónica Lalanda.

3 de junio de 2009.- Yo empecé a fumar hace 10 meses; fumo de todo, cigarros negros y rubios, con filtro y sin él, en pipa y hasta puros; fumo en los bares, por la calle, en los restaurantes e incluso en el hospital. Porque cuando uno se traslada a España, se convierte en fumador, lo quiera o no. Lo de que cuando uno fuma, fumamos todos, no es cuento.

Aparte de la inexorable vejez, pocas cosas están tan directamente relacionadas con la enfermedad y la muerte como el tabaco. Está científicamente demostrado hasta aburrir que el tabaco mata.

Lo único novedoso es la confirmación absoluta de que los fumadores pasivos existimos y sufrimos. Los fumadores nos están matando a una velocidad de 6000 españoles al año mientras ellos se suicidan en grupos de 40.000.

Mientras el número de victimas activas y pasivas aumentan, al gobierno lo único que se les ocurre es decorar las cajetillas de tabaco con dibujitos tipo "yu-yu" con el mensaje subliminal de "¡que viene el coco y te come los pulmones y los espermatozoides!".

Dicen que en otros países funciona. Efectivamente, pero como parte de una campaña mucho mas compleja. Pongamos Inglaterra; la cajetilla de tabaco vale 3 veces más que aquí, los lugares públicos están libres de humo al 100%, independientemente de sus metros cuadrados, y los tratamientos para dejar de fumar están en parte cubiertos por el NHS (Nacional Health Service).

Todo aderezado con varias campañas extensas de videos y fotos espeluznantes. Los resultados han sido inmediatos: en el primer año de prohibición 400.000 ingleses dejaron de fumar. (Ya no les falta a los pobres más que aprender a comer y dejar de beber).

Sin embargo, uno de los factores diferenciales más sangrante es el número de médicos fumadores que existen en nuestro país comparativamente con el resto de los países avanzados.

Un estudio sobre los médicos fumadores en EEUU, GB, Canadá, Australia y Nueva Zelanda demostró una caída en su número desde 1970 al 2005 de un 20% a un 5% Sin embargo en España la proporción de fumadores entre los médicos es prácticamente equiparable a la proporción en los no médicos, algo menos de un 30%. Un fumador es un problema para cualquier sistema sanitario pero un médico fumador es además una vergonzosa incongruencia.

Ser médico no es un trabajo cualquiera, los médicos tenemos una responsabilidad extra y una situación privilegiada para ser modelos sociales de salud pública y promotores de hábitos saludables. La sociedad es particularmente sensible a la hipocresía y el mensaje que desprende un médico fumador no es otro que "yo que entiendo no me creo que el tabaco mate". Esto constituye una campaña estupenda a favor del tabaco, la mejor. Por otro lado, está ya demostrado y publicado (Preventive Medicine), los médicos fumadores son menos eficaces en conseguir que sus pacientes abandonen este vicio.

En Inglaterra, fumar en un hospital o sus alrededores es causa de despido pero incluso una enfermera vestida de uniforme fumando en la calle también lo es. La idea de un médico con la cajetilla visible en el bolsillo, oliendo a tabaco o echándose un pitillo a la vista de un paciente es hoy en día tan impensable o absolutamente absurda como un médico que vaya ventoseando mientras pasa visita. Social y profesionalmente inaceptable.

Cada uno que haga con su vida lo que quiera pero hay que ser congruentes, cuando un médico enciende un cigarro, está animando a encender otros muchos.


Mónica Lalanda está recién llegada a España tras pasar los últimos 16 años en Inglaterra, la mayoría como médico de urgencias en Leeds (West Yorkshire). En la actualidad trabaja en la unidad de urgencias del Hospital General de Segovia, participa en varias publicaciones inglesas y también ilustra libros y revistas con viñetas médicas.

Diario El Mundo

Anuncios

Infarto, amnesia, cáncer, depresión, psicosis, hepatitis, pancreatitis, colesterol, paranoia, hipertensión y pérdida de masa ósea son apenas algunos de los males que provoca el exceso de alcohol. No queda órgano a salvo, y sin embargo es la droga más consumida del país. Una copa puede ser la gota que rebasa el vaso.

Es la única droga que ha sido relacionada con un gen específico. Así, un hijo de alcohólicos tendrá más posibilidades de serlo, aún cuando no sea criado por ellos.

El País – Gabriela Vaz – Uruguay, 30 de marzo de 2009 – Leer la nota completa

Cuando alguien bebe una lata de cerveza o una copa de vino, 10 gramos de etanol ingresan a su cuerpo. Los expertos en drogas le llaman "una unidad de bebida". En una medida de whisky hay dos unidades: 20 gramos. Desde la perspectiva de la salud, es lo que tiene más relevancia: saber cuánto alcohol puro está recorriendo el organismo. Porque si algo es seguro es que ese trayecto no pasará en vano.

En Alcohólicos Anónimos lo saben y, en ocasiones, intentan sacar la cuenta de cuántos litros de alcohol bebieron en sus vidas. Por ejemplo, una botella todos los días equivale a 365 al año, que en una década equivale a 3.650 litros… "Imaginate, son cientos de barriles bañando permanentemente la lengua, el esófago, el estómago, el intestino, el hígado, el riñón, la vejiga…", enumera el psiquiatra Fredy Da Silva, director del Centro de Tratamiento de Adicciones Izcali y coordinador del Posgrado en Drogodependencia de la Universidad Católica, al tiempo que asocia una lista de cánceres y males que parece no tener fin. Lo corrobora la toxicóloga Cecilia Dell`Acqua, de la Junta Nacional de Drogas: "A diferencia de otras sustancias que tienen un `blanco` específico, prácticamente no hay órgano del cuerpo humano que no sea afectado por el alcohol".

Pero sus consecuencias muchas veces superan ampliamente los límites del propio físico. Es la droga más involucrada en los accidentes de tránsito, la más relacionada con violencia doméstica, la que tiene más costos en salud y en economía para el país. Sin embargo, es tan popular que su potencial dañino es capaz de pasar desapercibido o ser olvidado a la hora de divertirse, de reunirse con amigos, de "ahogar penas", de servirse el trago diario.

El 80% de la población prueba alcohol y entre un 10 y un 20% "quedan pegados" a la bebida, dice Da Silva. En Uruguay, el guarismo se traduce en 230.000 personas con un consumo problemático, de acuerdo a la Cuarta Encuesta Nacional en Hogares sobre Consumo de Drogas. La cifra coloca al alcohol, primero y lejos, como la droga más consumida en el país. Lo secunda, bastante rezagado, el tabaco, con 73.000 "fumadores intensos", de acuerdo al mismo sondeo.

Entre tantas personas que se animan a beber, ¿qué hace que unos "queden pegados" y otros no? Multiplicidad de factores, entre los que entra lo genético, lo social, la historia de vida, y quizá también la voluntad. "Una persona necesita unos diez años para convertirse en adicto", indica el psiquiatra Gabriel Rossi, miembro de la Junta Nacional de Drogas e integrante de la Coordinadora Intersectorial para Políticas de Alcohol (CIPA). Eso implica una década de tomar por simple gusto, hasta que el cuerpo comienza de verdad a necesitarlo.

Por eso es que no hay jóvenes dependientes. En su caso, lo correcto es hablar de "consumo problemático", pero no hay adicción porque en general el organismo no ha tenido tiempo de desarrollarla. Pero la bebida no escatima en daños ni respeta las edades. De acuerdo a recientes investigaciones, el efecto del alcohol en un cerebro adolescente es aún mayor que en uno adulto. "Se plantea que puede haber incidencia en la neuroplasticidad cerebral. Esto quiere decir que las neuronas estarán menos flexibles a nuevos aprendizajes", explica el psiquiatra Rossi. Por tal razón, no hay parámetros "seguros" en menores de 18 años, como sí se establecen para adultos. Se considera que seis unidades de bebida (tres whiskys, por ejemplo) para un hombre, y cuatro para una mujer, por ocasión de bebida, son el límite para un "consumo de riesgo", es decir, un consumo que puede traer problemas en determinado tiempo.

De vuelta con los jóvenes, todos los especialistas coinciden en que, cuanto antes se inicia alguien en la bebida, mayor será su probabilidad de caer en la adicción. Un estudio realizado en Estados Unidos concluyó que el 47% de las personas que comienza a tomar antes de los 14 años desarrolla dependencia en algún momento, contra un 9% de los que empiezan pasados los 21.

Para Rossi, no hay un perfil particular o características psicopatológicas para decir que equis persona tendrá una adicción. Como se dijo, es multifactorial. Sí es la única droga que ha sido relacionada con un gen específico, apunta la toxicóloga Dell`Acqua. Por eso, el hijo de un padre alcohólico tendrá más posibilidades de desarrollar la adicción, aunque no sea criado por él.

Luego están los motivos sociales, más difíciles de detectar. En una encuesta nacional realizada entre estudiantes de liceos públicos y privados en 2005, el 25% reveló haber sufrido una "intoxicación alcohólica" en los 15 días previos al estudio. En 2007, el mismo dato subió a 40%. Un aumento demasiado alto para dos años. ¿Razones? Banalización del consumo, entre otras especulaciones. Nada seguro. "No tengo explicación, como creo que no la tiene nadie", confiesa Milton Romani, secretario general de la Junta Nacional de Drogas. Pero el dato es motivo suficiente para fijar la atención por ese lado.

A ello apunta, entre otras cosas, el proyecto de ley del alcohol que por estos días duerme en el Parlamento. Entre otros ítems, propone restringir la venta a ciertos locales comerciales, prohibiéndola en quioscos, estaciones de servicio, cerca de espectáculos o eventos deportivos. La única recomendación de la Organización Mundial de la Salud que no incorporó el proyecto de ley es la suba de impuestos para encarecer el precio de la bebida.

ENFERMOS. La semana pasada en Argentina se puso en vigencia una norma por la cual las obras sociales y prepagas (las mutualistas) están obligadas a cubrir los tratamientos por alcoholismo. De esta manera, se reconoce esa adicción al fin como una enfermedad.

Y es que, de hecho, no hay sustancia que genere tantos gastos al sistema de salud como el alcohol. No importa cuál sea la bebida (cerveza, vino, destiladas), aunque se necesiten diferentes dosis para llegar al mismo efecto, éste se repite. Un gramo de etanol, o alcohol etílico, suma al organismo 7,1 kilocalorías, un aporte energético que no incluye nutrientes.

La lista de males que es capaz de generar parece interminable. Los expertos enumeran: polineuropatía, arritmia, infarto, arteriosclerosis, hipertensión arterial, anemia, pérdida de masa ósea, amnesia, alteraciones de sueño, trastornos del equilibrio, depresión, ansiedad, demencia, paranoia, psicosis (delirius tremens), cirrosis hepática, hepatitis tóxica, encefalopatía hepática, pancreatitis, colesterol, cáncer de esófago y bucal, y daños en el feto si se toma durante la gestación (ver nota de página 3). Del 50 al 85% de los alcohólicos crónicos tiene deterioro cognitivo, 10% de los cuales se acompaña con síndrome orgánico cerebral.

A su vez, entre los alcohólicos la depresión es el doble que la que se encuentra en la población en general. El riesgo de suicidio se ubica entre 11 y 15% y los alcohólicos protagonizan del 15 al 25% de todos los suicidios concretados, según el psiquiatra Da Silva, quien destaca la paradoja del depresivo tomando un depresor. "En el momento de estar tomado, uno se puede sentir eufórico. Esa es la trampa. En las primeras 2 a 4 horas, según la habilidad del bebedor, el alcohol funciona como un desinhibidor y genera verborragia, alegría, euforia. Pero luego aparece el bajón. La prueba de que el alcohol es un depresor la ves en que, cuando alguien toma mucho se duerme. Y si tomás más todavía, entrás en coma farmacológico por depresión del sistema nervioso".

Por si quedaban dudas, una investigación de la Universidad McGill, en Montreal (Canadá), acaba de confirmarlo: mientras beber poco produce euforia leve, reduce la ansiedad y genera cierta sensación de bienestar, ingerir grandes cantidades de alcohol, al inhibir la producción y liberación de endorfinas, tiene efectos "hipnóticos y sedantes" y estimula la aparición de cuadros de depresión. Christina Gianoulakis, una de las autoras, explicó a la agencia Reuters: "Dado que sólo el consumo de poca cantidad de alcohol aumenta la liberación de endorfinas y produce efectos placenteros, si una persona no siente esos efectos luego de una o dos copas, debería dejar de tomar". Los resultados de este estudio ya están online, y serán publicados en junio en la revista Alcoholism: Clinical and Experimental Research.

Por aquí, Gabriel Rossi, en la primera línea contra el abuso de la bebida, aclara: "No somos puritanos, sabemos que todo el mundo consume. No queremos una `ley seca`. Lo que queremos es ordenar desde el punto de vista preventivo y tratar de minimizar los riesgos".

Por eso, tenga presente el deseo en cada brindis: "¡Salud!"

Verdades que no gusta oír

"El 80% de los alcohólicos están deprimidos. Consumen alcohol como si fuera un antidepresivo, pero es una droga depresora. Entonces tenés a un deprimido tomando un depresor. Es como si alguien a quien le duele la cabeza se pegara un martillazo. Eso no va a terminar nunca". Fredy Da Silva, psiquiatra.

"En los últimos cuatro años se instaló el tema (del consumo de drogas) en la sociedad, y eso es muy bueno. Tenemos que tener cuidado de no lesionar los derechos humanos y ser respetuosos de ellos. Por tanto vamos a fiscalizar, pero respetando derechos y garantías". Milton Romani, Junta Nacional de Drogas.

"Todo el mundo sabe que el tabaco hace mal al feto, pero si comparás las consecuencias de fumar durante el embarazo con las de tomar alcohol, éstas son muchísimo peores. Puede producir malformaciones faciales y es la primera causa de retardo mental en el niño. Y nunca se habla de eso". Cecilia Dell`Acqua, toxicóloga.
Las cifras

230.000 Personas con un consumo problemático de alcohol en Uruguay. Sigue el tabaco, con 73.000 "fumadores intensos".

50% Del 50 al 85% de los alcohólicos crónicos sufre deterioro cognitivo, según el psiquiatra especializado Fredy Da Silva.

11% Entre 11 y 15% se fija el riesgo de suicidio entre los alcohólicos. Protagonizan del 15 al 25% de todos los suicidios concretados.

"Lo de la `cultura alcohólica` es un problema. Se ve como un valor social que alguien tome más que otros sin emborracharse, que `aguante`. Pero desde lo biológico es una mala noticia. Los que tienen esa tolerancia tienen más probabilidades de desarrollar un consumo problemático". Gabriel Rossi, psiquiatra.
Cuarenta mil buscan ayuda

A primera vista, podría confundirse con un grupo de amigos cualquiera: doce hombres de entre 20 y 35 años (sólo uno parece superar los 40) vestidos informalmente, reunidos en un salón. Pero las palabras que minutos más tarde se escucharán entre esas paredes los diferencia en mucho de la mayoría.

"Mi madre me puso un ultimátum: me quedo acá o voy a la calle"; "hablé con mi mujer y por suerte dejó esa idea que tenía de matarse"; "estoy triste porque un compañero está en el Vilardebó y te das cuenta dónde podés terminar, te das cuenta que estás en un infierno"; "mi hermana no me habla porque le vendí la guitarra… y la entiendo"; "me quise internar en el Maciel, pero no pude"; "me encantó estar afuera, pude pasar con mi familia en paz, sin peleas"; "tuve ganas, pero no lo hice"; "caí… consumí".

Todos los días, los pacientes del Centro de Tratamiento de Adicciones Izcali comienzan sus reuniones con la misma oración: "Estamos aquí para aprender a descubrirnos". La gran mayoría están por su dependencia a la pasta base, pero el grupo no discrimina: hay alcohólicos, y hasta hubo ludópatas.

"El tratamiento es el mismo para todos. En ellos, algunas cosas difieren. Por ejemplo, con pasta base son frecuentes los problemas con la familia por vender cosas, han desvalijado casas. Eso no pasa con los alcohólicos", explica el psicólogo Martín Gedanke, operador terapéutico de los grupos de Izcali. Lo cierto es que los temas se repiten: conflictos de familia, pérdidas materiales y afectivas, miedo a recaer.

En 2006, 40.000 personas declararon haber buscado ayuda profesional por adicción a alguna droga, en una encuesta nacional de la JND. La cuarta parte de ellos lo hizo en Alcohólicos Anónimos. No hay que hacer muchas cuentas para entender cuál es el mayor flagelo.

El País – Gabriela Vaz – Uruguay 30 de marzo de 2009 – Leer la nota completa

Luis Lidón Lehnhoff Viena, 4 feb (EFE)- Estados Unidos está bloqueando las posiciones de la Unión Europea (UE) y gran parte de América Latina en unas negociaciones cruciales que fijarán en marzo la política de la ONU sobre estupefacientes para la próxima década, aseguraron hoy fuentes diplomáticas en Viena.

En estas negociaciones, que tendrán un enorme impacto en la vida de millones de personas, la posición de EEUU está representada por conceptos de "mano dura" de la anterior administración republicana, como la "tolerancia cero" propia de la "guerra contra las drogas", señalaron las fuentes consultadas por Efe.

Esta concepción se contrapone al modelo defendido por Europa y América Latina -con la excepción de Colombia- basado en la "reducción del daño", con programas de recambio de jeringuillas, promoción de la higiene y supervisión médica preventiva para poner coto a numerosas enfermedades.

EEUU ha venido insistiendo que esos programas, que suelen incluir también el suministro de metadona, no pueden ayudar a expandir o facilitar el consumo de drogas.

Se trata pues de dos visiones muy diferentes: la primera continúa un enfoque "prohibicionista" y judicial, mientras que la segunda pretende fomentar políticas de salud pública, con resultados positivos en los países en los que se llevaron a la práctica.

Según las ONG, este último modelo, además de salvar vidas, es también más económico porque la prevención del sida, la hepatitis y otras enfermedades supone grandes ahorros a la sanidad, permitiendo invertir ese dinero en campañas de concienciación sobre el peligro de las drogas.

Según varias fuentes diplomáticas, los negociadores estadounidenses han vetado cualquier mención a programas de "reducción de daños" en la declaración política que se negocia, pese a que es una política predicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por la mayoría de las agencias de la ONU.

La sorpresa ante las posiciones estadounidenses es enorme porque el nuevo presidente Barack Obama ha defendido en su campaña acabar con la prohibición en EEUU a las prácticas de recambio de jeringuillas y ha mostrado su proximidad a tratar el problema de las drogas como un asunto sanitario y no penal.

Ante ello, tres congresistas demócratas han escrito a la nueva embajadora de EEUU ante Naciones Unidas, Susan Rice, para que tome cartas en el asunto con urgencia, ya que las negociaciones están en su fase final y se debe llegar a un acuerdo antes del 10 de marzo, cuando se reúna en Viena la Comisión de Estupefacientes de la ONU.

Las fuentes consultadas explican que esa declaración política no es vinculante -cada país podrá aplicar las medidas que crea oportunas- pero que puede tener mucha influencia al definir la estrategia sobre drogas de la ONU.

La posición de EEUU encuentra apoyo también en Colombia, Japón, Irán y Rusia, este último, el país del mundo con más enfermos de sida por el uso de drogas inyectables.

También el relator especial de la ONU sobre la Tortura, Manfred Nowak, y el relator sobre el Derecho a la Salud, Anand Grover, exigieron en una carta a la que ha tenido acceso Efe que se incluyera la estrategia de "reducción de daños" como un elemento consustancial de los derechos humanos.

"A fin de que los Estados miembros puedan cumplir con sus obligaciones con los derechos humanos, y garantizar la coherencia del sistema de Naciones Unidas, creemos que el anexo debe modificarse para incluir un lenguaje amplio en apoyo a servicios de reducción del daño", se lee en la misiva.

Para Allan Clear, director de la coalición en favor de las políticas de reducción de daños, la posición estadounidense se debe al automatismo de "burócratas del Departamento de Estado curtidos en la guerra contra las drogas".

También la ONG Human Rights Watch ha criticado la estrategia de tolerancia cero, ya que "tiene el efecto de alejar a los usuarios de drogas por vía intravenosa de los tratamientos de desintoxicación y demás cuidados sanitarios". EFE ll/jk/sc

Terra – EFE – 05 de enero de 2009 – Leer la nota completa

_42260194_higadoalcohol.jpg  Fallos de memoria, dificultades en el habla, adicción, problemas de socialización,… La bebida no es un juego y los científicos no se cansarán de repetirlo, a pesar que las cifras demuestran que los jóvenes hacen poco caso de las advertencias. Lo más grave del estudio: que un joven bebedor habitual tiene todas las papeletas para ser alcohólico de adulto.

En el seminario internacional sobre alcohol y daño cerebral que tuvo lugar ayer en Madrid se alertó de que el consumo de alcohol durante la adolescencia puede perjudicar gravemente el desarrollo posterior de los jóvenes.

Según han demostrado varios estudios, el alcohol consumido en grandes cantidades daña dos áreas celebrales que son especialmente vulnerables en los adolescentes: los lóbulos frontales, que se encargan de la toma de decisiones y del control de los impulsos y el hipocampo, de quien depende la memoria y el aprendizaje.

En un estudio realizado por Tapert con jóvenes de 15 y 16 años, quedó demostrado que los adolescentes que consumían cinco o seis copas durante el fin de semana, retienen un 10% menos de información verbal y no verbal frente a los que bebían una o ninguna vez al mes.

En opinión de White, el alcohol puede bloquear “más que cualquier otra droga” la plasticidad del cerebro, y además puede provocar fallos de memoria, alterar las emociones y producir amnesias.

Los dos catedráticos norteamericanos criticaron a la publicidad de bebidas alcohólicas, y reclamaron más control para reducir el consumo de estas bebidas.

Empezar en el consumo de bebidas alcohólicas a edades tan tempranas como los 14 y 15 años hará que uno de cada tres jóvenes sufra adicción a su consumo en su vida adulta.

El hecho de que sus cerebros estén todavía en período de formación puede ser determinante si se le suma algún antecedente de alcoholismo en la familia, una circunstancia que hace crecer hasta el 48% la proporción de futuros adictos.

Si se ha empezado a beber a los 13 años o antes, los cálculos estiman que el 26% será alcohólicos en un futuro en el caso de no haber antecedentes familiares, pero de un 57% en el caso de haberlos.

De Periodistadigital